domingo, 22 de noviembre de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 43

Estaba en un pasillo largo, estrecho, oscuro, caminaba y caminaba y aparecía otro

pasillo, seguía caminando, buscando una puerta o una salida, pero al final no había

puerta ni salida, sólo otro pasillo y otro más y otro, era como un laberinto repleto de

pasadizos donde no encontraba ninguna salida y yo estaba condenada a caminar

y caminar sin poder salir de allí, y de pronto comenzó a nevar, la nieve caía con

fuerza y lo convertía todo en blanco, y yo corría y corría, tratando de escaparme,

pero no lograba huir, la nieve me perseguía por aquel laberinto, primero verde y

ahora blanco, hasta que no pude correr más y caí extenuada al suelo y mi cuerpo

comenzó a hundirse en la nieve. Pero de pronto oí una voz que me llamaba, Tania,

Tania, una voz que no era la de mi mamá ni la de Aurelia ni la de nadie conocido,

Tania, Tania, hasta que desperté sobresaltada. Pero enseguida me volví a dormir

y no recuerdo más. Me volví a despertar con la voz, ahora real, de Aurelia, que me

llamaba desde la puerta, Tania, Tania. Aurelia nunca toca. Todos los días me hace

lo mismo, se para frente a la puerta de la calle y me llama, entonces enseguida me

levanto y le abro, porque casi siempre que me llama todavía estoy dormida o en la

cama, pensando. Y mientras voy al baño a asearme, Aurelia va hasta la cocina y

pone orden. A mí me gusta quedarme un ratico en la cama, remoloneando,

oyendo el radio, y si hace frío, con la colcha encima, más, aunque aquí casi nunca

hace frío, pero a esa hora, cuando uno se despierta, es que la cama está rica de

verdad. Pero Aurelia no me da tregua, muchacha, ¿se te pegó la sábana? Le conté

mi sueño. Ay, si usted no me llama me dan las catorce en la cama. Aurelia trae algo

cada vez que viene. Hoy me ha traído un poco de manteca en un pomo bocón y

unas papas en un cartucho viejo, yo sé que a ti te encantan las papitas fritas, así

que aquí tienes para que te des gusto. A mí me da pena recibir tantas cosas y no

poder corresponderle, pero ella insiste tanto que tengo que quedármelas, no seas

boba, niña, si estas cosas me las trae Rafael del monte, no vayas a pensar que yo

las saco de mi cuota. Nos vamos para el fondo. Cuelo un poco de café y Aurelia

empieza a hablarme, como siempre, sentada en una silla, en el comedor. Por fin

¿vas a recoger la niña mañana? Sí, no se preocupe, Aurelia, yo la recojo y la traigo

para acá, para pasarme este fin de semana con ella, el domingo por la noche se

la llevo. Aurelia habló con un profesor amigo suyo sobre mi posible matrícula en la

Escuela de Comercio, el profesor le dijo que sí, que cómo una muchacha tan joven

iba a estar metida en su casa, sin estudiar, que eso no podía ser. Aurelia insiste y me

saca de mi abstracción, porque yo siempre estoy en las nubes, soñando despierta.

Cuando Aurelia toca el asunto de la escuela, pobre de mí. Qué pituita. Mira, Tania,

tú vas a pensar que yo quiero ocupar el lugar de tu mamá, pero no es eso, si yo me

preocupo por ti es... es porque tú sabes que te he cogido cariño, no porque seas la

madre de mi nieta, no, no es por eso, es... es porque te he cogido cariño de verdad,

y... yo lo sé, Aurelia, si le agradezco muchísimo todo lo que hace por mí. Ah, no, no

tienes que agradecerme nada. Se queda pensativa mientras yo recojo las tazas y

la cafetera. Me siento junto a ella. Todavía es temprano. Aurelia tiene la cara que

parece que le han dado una mala noticia. Me dice que ella hubiera querido tener

una hija, así como yo, pero ya ves, dos varones, y por desgracia el mayor en la

cárcel... no, espérate, no me digas nada, no te voy a hablar de él, despreocúpate,

yo siempre te he dado la razón en los problemas que has tenido con Tony, tú lo

sabes bien, pero eso no viene al caso, lo que pasa es que no he tenido suerte con

mi hijo mayor, tú sabes que yo siempre he luchado por que mis hijos se encaminen

lo mejor posible, y ya tú ves que Arturito es un modelo en su escuela, pero bueno,

eso no viene al caso, pues como te decía, siempre quise tener una hija hembra...

Hace una pausa y se queda como esperando que yo le diga algo, pero no abro mi

boca y ella continúa y me dice que a ella le encantan las niñas, que desde que era

chiquitica llegó a tener una buena colección de muñecas de todos los tamaños y

de todos los colores, era el único juguete que yo le pedía a los reyes. Me dice que

a todas las muñecas las tenía limpiecitas y con vestiditos lavados y planchados, sí

señor, y había que verlas, Tania, yo misma les hacía los vestiditos, y me dice que ella

las peinaba y se volvía loca cada vez que le dejaban una nueva, después, cuando

fui creciendo, comencé a sustituir las muñecas por las hijas de mis hermanas, hasta

que me casé y ya tú sabes. Aurelia me cuenta que cuando se quedó embarazada

se arrebató, pensando que iba a tener su propia hija de verdad, de carne y hueso,

que iba a poder tocarla, cargarla, olerla, besarla, dormirla, bañarla, ponerle talco,

y vestirla cuando fuera creciendo, y pegársela a la cara para así sentir su piel tan

suavecita, y quedarse un rato mirándola, pero nació varón, y ya tú sabes, después

quedé en estado otra vez y volví a tener varón, y por poco me muero en el parto,

por eso no he parido más y me he quedado con el deseo de tener la hembrita. Se

pone muy seria, me mira y me dice, sollozando, por eso no tienes que preocuparte

por lo que hago por ti, porque... así me entretengo y... vaya, que hazte cargo que

son cosas que yo hago por mi hija, porque... porque tú vienes siendo como una hija

para mí... sí, como una hija, como la hija que no pude tener...

(continuará)

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


www.facebook.com/augusto.delatorrecasas

sábado, 14 de noviembre de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 41

Ese parque de Ferreiro es fatal para mí, lo dice mi horóscopo, no dice que sea el

parque de Ferreiro así con nombre propio, pero dice que existen lugares que son

desfavorables para cada persona, según su signo zodiacal, y uno de esos lugares

para mí es ese maldito parque. Allí me hice novia de Tony, allí toqué una picha

por primera vez, la manoseé, la sentí bien parada y bien dura, la miré con temor,

la vi lanzar el chorro cuando le hice la primera paja a Tony. Allí Tony me enseñó los

primeros secretos del placer, por lo que debería estar agradecida del dichoso

parque, pero miren lo que me costó la jaranita. El placer duró tan poco que no me

dejó ningún recuerdo firme, porque después todo se convirtió en pesadilla, y la

pesadilla terminó con un legrado. Por eso cuando tengo que pasar por allí doy la

vuelta a la rotonda y me escabullo por el costado de la farmacia hasta la entrada

de Vista Alegre. Los fósforos. Y ni hablar del encuentro con Rudy. Por eso tengo que

saber cuáles son los otros sitios desfavorables para eludirlos y no cruzar jamás por

ellos. Tengo que desprenderme de este rosario de calamidades que me ha caído

encima, tengo que vivir pendiente de todas esas cosas, no puedo pasarme la vida

fallando. Y sobre todo andar al hilo con la gente que conozco, porque hay gente

que ñequea y de eso nada. Aquí tengo la lista de toda la gente que conozco, la

gente con la que más me relaciono, y voy a saber a qué atenerme con cada cual.

No me fue fácil hacerla, cada vez que le pregunto a alguien cuál es su signo, o qué

día y qué mes nació, si no se me queda mirando con cara de esta está como una

cabra, se echa a reír, me da de lado o hasta se pone changa y me manda a freír

espárragos. Ah, pero como la mayoría cree, como yo, la mayoría me dice lo que le

pregunto. Y hay quienes me lo dicen por lo claro, pero ¿tú crees en eso, muchacha,

o tú eras boba cuando chiquita? Es que la gente se ha vuelto descreída, o aparenta

serlo, que aquí el que más y el que menos cree en algo, lo que pasa es que lo

disimulan para no tener problemas con el gobierno. Todo lo resuelven riéndose y

disimulando. El disimulo es la coraza que protege a los cubanos. Yo creo que la

gente se ha vuelto idiota, porque no hace más que reírse, con los problemas,

dificultades y tragedias que tiene cada familia. Y hasta en los velorios tú oyes a los

dolientes aguantando la risa, haciendo cuentos de relajo, sentados al lado del

difunto. Ya no se respeta ni a los muertos. Madre mía. Pues sí, eso de los signos es un

dolor de cabeza, pero no me queda más remedio. Atenta de con quién hablo, de

lo que hablo, de a quién trato, de cómo lo trato, quién puede ser amigo o enemigo,

todo según el signo zodiacal que tenga. Y esto es el fenómeno vigueta, estarme

acordando de tantas cosas al mismo tiempo, de tantas generalidades y caracteres

en cada persona conocida, yo que siempre he tratado a todo el mundo igual. Y ahí

está el error, no se puede tratar a todo el mundo de la misma forma, porque todo el

mundo no es igual. Tengo que andar a cuatro ojos con la gente que conozco. Sí.

Tengo que cuidar mis pasos, porque Dios dice cuídate, que yo te cuidaré, como

diciendo ponte para la cosa y no esperes por mí. Qué gracia. Pues ya yo no espero

por él para nada. Al carajo... Esta lista me ha alborotado el coco. Bertica, Aurelia,

Marina, Aleida, Juan, Charito, Guillermo, los otros hijos de Marina, Mayra, Miguelito,

el carnicero que es un poco resbaloso, hasta los tres mosqueteros, Tony, Rudy y

René, aquí nadie se escapa, por si acaso. En fin, que la lista aumentará según me

vaya yo acordando de gente con la que trato, aunque sea de pascuas a San Juan.

Y eso de que los cánceres y los sagitarios hacen buena pareja me está pareciendo

una guanajada, como quizás lo sean todas las combinaciones de esas revistas, la

verdad que cada día dudo más y no sé a qué atenerme en las creencias, aunque

sé que en algo hay que creer. Qué enredillo. Me falta Alberto, el viejo ese amigo de

Marina. Y mis padres y mis hermanos, aunque no vuelva a verlos nunca. Mejor no

pensar en eso. No. Dice aquí que hay cuatro tipos de signos, de tierra, de agua, de

fuego y de aire, los cuatro elementos, y cada grupo tiene sus características. Bueno,

dice Marina y dice Aleida que el papel lo aguanta todo. El papel responde al que lo

escribe, sea quien sea, boba, si tú escribes que el mundo se va a acabar la semana

que viene, los ingenuos y los tontos se lo creen y se preparan o no, aunque ya hayan

pasado por esas predicciones montones de veces, porque la gente no escarmienta.

Marina con su filosofía callejera. Pero entonces, ¿qué creer? Marina me sale con

una de las suyas: en la mierda, es en lo único que puedes creer con confianza, pues

sientes su peste inevitable, y se ríe a carcajadas. ¡Qué mujer! Ya me estoy hartando

de estas revistas amarillentas, sucias, desgarradas, demasiadas cosas: días, semanas,

meses, años, números, colores, piedras preciosas, materiales, emociones, ideas,

pensamientos, lugares, sexos, gestos, animales, signos zodiacales, alimentos, todo,

psicología, todo todo, planetas, sí, cómo no, ya lo creo, pero muchacha, coge un

montón de periódicos y de revistas y busca los horóscopos en cada número, verás

que cada periódico y cada revista dice una cosa distinta, ¿no te das cuenta?, ¿en

cuál vas a creer?, y se ríe, sí, se ríe conmigo, quizás piensa que soy monga de marca

mayor. Y yo me estoy volviendo descreída también, cada día creo menos, en la

gente, en Dios, en las revistas, en la astrología, en los santos, en los curas, en los

políticos que bueno, en esos nunca he creído una mierda, y que me perdone el

Altísimo si mi fe hacia él ha menguado tanto, pero... en fin, que dice Miguelito que

esas cosas han cambiado y que me va a traer una revista moderna con todo eso

actualizado. El que no cambia se estanca, dice, tienes que actualizarte, si no,

despídete del cijú platanero, mi amiga. Aquí no publican nada de eso, de dónde

habrá sacado Miguelito esa revista. Siempre con su manía de dejar las cosas a la

mitad. Cuestión, que hay que creer en algo, pero ¿en qué? Esa es la cosa. En Dios,

en Alá, en Buda, en un babalao, en la gallina prieta que ponen en la puerta de los

que quieren joder los santeros o los espiritistas, en el bembé de Chencha la gambá,

en un muñeco de trapo, ¿qué sería del mundo si nadie creyera en nada? Sin fe no

se puede vivir, ¿en qué te vas a refugiar cuando tengas un problema serio? Por eso

la hija de ese dictador soviético dijo en el aeropuerto de Nueva York que no se

puede vivir sin llevar a Dios en el corazón. Salió en una revista vieja de las que tiene

Marina en su casa, que no habla nada de los signos ni de nada de eso. Bueno, que

Marina dice que antes ella era muy creyente, y que ahora... y se calla, porque yo

creo que en el fondo ella sigue creyendo. Pues eso, seguiré con la lista a ver qué es

lo que pasa, que dice Mayra que lo que pasa es lo que no se traba. Del carajo...

(continuará)

Augusto Lázaro

@augustodelatorr


www.facebook.com/augusto.delatorrecasas

domingo, 8 de noviembre de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 40


Los hombres no padecen como las mujeres. ¿Cómo coño van a comprender lo que

sufre una mujer? Una mujer que tiene que ponerse un algodón en la tota cuando

tiene la regla, y cambiárselo cada cinco o seis horas, y echarlo en el latón de basura

envuelto en un papel, empapado de su propia sangre maloliente, escondiéndose

para que nadie la vea, como si estuviera cometiendo un delito. Una mujer que

siente un dolor del demonio cuando un hombre se le encarama encima por primera

vez y la desgarra, buscando un placer egoísta. Una mujer que soporta nueve meses

de malestar casi constante, con mareos, vómitos, várices, durante los primeros, y

cansancio e hinchazón en los últimos, con repugnancia de las cosas que siempre le

gustaron, porque una criatura se le forma dentro, se mueve, la golpea, le roba la

sangre y a veces hasta la vida. Una mujer que tiene que acostarse en un camastro

donde se acuestan miles de otras mujeres, y resignarse a que la toquen, la registren,

la raspen sin una pizca de consideración, cuando tiene que hacerse un legrado.

Una mujer que siente un dolor descomunal cuando esa criatura que tiene dentro

se decide a salir a toda costa. Una mujer que después de traer a este mundo a esa

criatura que no sabe lo que le espera, ve complicada su vida para siempre. Una

mujer que tiene que dejarlo todo sin pensarlo dos veces por sus hijos cuando le es

necesario ese enorme sacrificio, porque ningún hombre, si acaso poquísimos, dejan

su trabajo, sus estudios, sus compromisos, su vida normal, por sus hijos. No. Nooooo.

Eso lo hacen las mujeres, sólo las mujeres. ¿Por qué no habré nacido hombre, coño?

No hubiera pasado por todo lo que he pasado. Ni siquiera estuviera aquí, en este

país de mierda, atormentándome día tras día con tantos problemas que parece

que paren como las curielas y crecen a mi alrededor sin remedio. A veces me dan

deseos de decirle todo esto a alguien, pero no a una mujer que lo conoce como yo,

no, a un hombre, a ver si puede comprender o al menos intentarlo, y entonces me

doy cuenta de que en mi vida no hay un solo hombre al que pueda acudir para

contarle y desahogarme, y quizás llorar en su hombro, sintiendo sus brazos que me

aprietan comprensivamente, dándome consuelo, y diciéndome: yo no soy así...

Hasta qué límite de desamparo puede llegar la soledad. Mi vida es un desastre sin

remedio y yo no hago el menor esfuerzo por salir de este atolladero, porque ya me

he acostumbrado a él. Sólo me ilusiono con la presencia de Mayra, de Miguelito, de

Aurelia y de Aleida algunas veces, que me alientan a que dé un paso al frente y no

me queje tanto, porque aburro con tantas quejas inútiles que no resuelven nada. Lo

comprendo. No te martirices más, me dice Aleida, Dios no abandona a nadie, no

seas tonta, vístete, sal y olvídate de tus problemas, que todos tenemos problemas,

tonta, ¡todos!, sin ninguna excepción, pero todos no andamos pregonándolos como

si fueran mercancías en venta... Bertica alborota, corre, grita, riega, ríe, canta, llora.

Con ella me entetengo y me olvido. Pero a esta casa le hace falta algo, no sé si

será un hombre como dice Marina que le falta a la suya, pero sé que es algo, algo

como la presencia de un niño, quizás eso es lo que le falta a mi casa, porque Bertica

vive aquí pedacitos de tiempo y una casa sin niños es como un palomar sin palomas

como me dijo Aurelia un día. Yo dejando que el tiempo pase, en espera de lo que

no acaba de llegar, envejeciendo lentamente. Y yo no quiero envejecer, no quiero

recordar. Pero recuerdo... En esta casa nací yo, crecí, jugué con mis juguetes,

estudié, añoré compartir con mis amiguitos de la escuela, fui feliz con mi mamá,

hasta que un día fatal terminó todo. Mientras fui una niña fui feliz, porque ignoraba

la realidad que me rodeaba y todo era un montón de espuma de color de rosa, la

inocencia da felicidad. Cuando terminó la inocencia terminó la felicidad. Luego el

embarazo, el falso matrimonio, el divorcio, el nacimiento de Bertica, el abandono de

los estudios, los ataques de asma, la salida de mis padres, la vieja paralítica, el

legrado que tuve que hacerme, y siempre la soledad machacándome por todas

partes. En esta casa donde no se oye ni el silencio. Recorro las habitaciones una por

una, trato de acordarme de dónde estaba el tocadiscos, dónde estaban las

cortinas, dónde todo lo demás que yo vendí o regalé, que boté. Qué había en el

cuarto de mis padres, qué tenían mis hermanos, cómo estaba adornada la sala,

cuándo se llevaron el televisor... ¿Estaré perdiendo la memoria? Voy a echarme un

buchito y a fumar. Dios mío, me he vuelto una condenada viciosa, no me quito el

dichoso pitillo de la boca, y pensar que hasta hace poco me daba asco. ¿Será

verdad lo que me dijo Mayra, que pronto me verá haciendo cosas que ahora me

dan asco? Bueno, fumar no es nada despreciable, no, ni inmoral ni asqueroso ni

denigrante. Mucha gente fuma. Y gente decente y honrada. ¡Ay! Ya me duele la

cabeza. Pero no pienso tomarme una sola aspirina. Aguantaré como una... coño,

me llaman. Sí, me llaman. Alguien grita mi nombre en la acera, pero no es la voz

de Aurelia. No conozco esa voz. Ah, no voy a abrir. No, no voy a abrir la puerta.

No voy a abrirla. ¿Para qué?...

(continuará)

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

www.facebook.com/augusto.delatorrecasas

 

sábado, 31 de octubre de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 39

Aleida me llamó y me dijo que Juan me había hecho la gestión para el trabajo en

la Vocacional, pero perdóname, Aleida, dile a Juan que se lo agradezco muchísimo

pero que eso tengo que pensarlo, en estos días estoy muy aturdida y no me siento

con ánimos para tomar una decisión tan importante, y menos así, de zopetón, no

vaya a ser cosa que después me arrepienta y no puedo seguir metiendo la pata

toda mi vida, ¿me comprendes?, pero dale las gracias a Juan y gracias también a ti,

Aleida, eres una buena amiga de verdad. Y revisé la lista de las cosas que había

vendido y las que me quedaban, porque dejaría sólo lo imprescindible, que si por fin

salía del país otros listones se quedarían con todo lo que había en la casa y no. A

Aurelia y a Aleida no les hace falta nada de lo que yo tengo, y a otra gente ñiringa.

A ver si así puedo tirar un par de meses más y se resuelve mi problema, porque ya no

me falta ni un poquito para quedarme con la libreta de la comida y las llaves de la

casa y nada más. No puedo pasarme la vida en esta incertidumbre, que si me voy,

que si me quedo, que si Tony, que si la niña, que si los papeles, que si la autorización,

y cualquier día Tony sale de la cárcel y usted verá que va a volver a empezar con su

jodienda y no se sabe en qué va a parar esto. Tendré que decidirme. Aleida con su

pituita, muchacha, vete con Juan para la Vocacional, y si te llega la salida te vas y

se acabó, pero mientras estás entretenida y ganando tu dinerito, no seas boba. Pero

el tiempo pasa y todo sigue igual: me despierto por las mañanas sin saber para qué

voy a levantarme y me quedo en la cama un largo rato, mirando al techo y oyendo

las mismas noticias y las mismas canciones en el radio. Voy a llamar a Miguelito para

que me conecte con sus contactos y vender lo que me queda, después lo tocaré

con algo. Pobre Miguelito, siempre responde cuando le paso un SOS, y ni siquiera

puedo darle ánimos, que él también está a la espera, a ver si le llega el telegrama

de una puñetera vez y vuela. Todo el mundo quiere volar de aquí, yo creo que si

dieran puerta libre se quedaba Cubita la bella sin gente, qué barbaridad. Miguelito

es un alma de Dios y miren cómo está, y lo que la gente dice de él. Bueno, de mí

dicen también cosas tremendas y yo no soy ningún alma de Dios, mi época de

buena ya pasó a la historia, con la bondad sólo he podido consegur llanto y dolor,

engaño y sufrimiento, mentiras y estafas, bofetones y olvido. Ser bueno y ser bobo es

la misma cosa, por algo los que progresan y suben son los malos, porque no hay

ningún peje gordo tan guanajo como lo he sido yo, que me he quitado las cosas

para dárselas a otros. Mierda. ¿Qué conseguí con eso? Que los amigos se olviden de

mí y las vecinas rajen de mí hasta por los codos. Las cosas que me dicen: orgullosa,

excéntrica, engreída, apática, qué se cree la blanquita esa, que es mejor que nadie

y que yo no trabajo ni estudio ni coopero con ninguna tarea revolucionaria, la muy

puta, dicen, porque hasta eso, como si mi casa fuera un bayú y me hubieran visto

hacer aquí orgías o bailes de perchero y cosas de esas. Ah, pero a mí que me lo

toquen y al carajo. ¿Por qué coges tanta lucha con la gente si dices que la gente

no te importa?, me dice Aleida. Y tiene razón. Pero siempre digo que hasta aquí,

que hasta hoy, que a la mierda el qué dirán, y siempre vuelvo a caer en lo mismo.

Aleida, creo que yo no tengo remedio, le digo, y ella hace una mueca y me suelta

que yo lo que estoy es falta de marido. Qué manera de revolverme el meollo. Las

apariencias, la envidia, la maledicencia. Yo que nunca me entrometo en nada que

no tenga que ver conmigo y tengo la cabrona suerte de que la gente se entromete

en mi vida. Una vez hicieron una fiesta de quince y no me invitaron, Aleida me dijo

que quedó muy bonita, y esa fiesta me hizo acordarme de mis quince, que a mí no

me los celebraron y me pasé el día llorando en mi cuarto. No pude celebrar mis

quince años, no pude irme con mis padres para el Norte, no puedo acariciar a mi

hija como yo quisiera, no me ha sucedido nada que valga la pena recordar, y a

veces me entra un pánico terrible que me sobrecoge, cuando pienso que mi vida

nunca va a cambiar y que siempre voy a ser esa muchacha triste que sueña con la

nieve, como dice Aleida. Ah. Estoy nerviosa, no hago más que tomar café y café y

café, que la cuota no me alcanza y tengo que pedirle a Aurelia todas las semanas,

que ella no toma tanto y el marido le trae del monte. me he vuelto una condenada

viciosa, café, cigarros, y darle taller al meollo que no descansa ni durmiendo. Esa

pensadera me cae encima como un aguacero sin previo aviso de Meteorología y

cuando me pongo pintiparada me digo se acabó, sonrisas, paseos, cantos, pero a

los tres días reincido en la misma candanga. Y de tanto café, tanto cigarro y tanta

pensadera, me dan unos dolores de cabeza que me parten y tengo que tomarme

dos aspirinas con un vaso de leche aguada y sin azúcar, pero las aspirinas me

revuelven el estómago y me quitan el apetito, me dan deseos de vomitar, nada, de

madre el caso. Por qué no podré ser como cualquier muchacha de esas que se ven

por ahí, que aunque no tengan ni dónde caerse se ríen y se sienten en la gloria con

amigos y novios y bailes y fiestas. O será que yo las imagino así y aparentan vivir en

el mejor de los mundos posibles. Pero no, no, esas caras no pueden ser máscaras,

aunque aquí no se sabe si es que es de noche o dejó de ser día, que para el caso es

lo mismo, aunque no se escriba igual. Bueno, ¿y a mí qué coño me importan las

muchachas ni los jóvenes ni la humanidad? Algunas muchachas del Pre, cuando me

las encuentro por ahí, me dicen que van a venir a sacarme de aquí, vamos, Tania,

que ya dentro de poco te vas a parecer a Drácula, vamos, a coger aire y sol, que te

hace falta tostarte un poquito. Ah, están igualitas que Aleida. Yo les sigo la corriente,

y lo que me da es por acostarme a oír música o a leer alguna novelita que me trae

Aurelia, hasta que por fin me duermo, y cuando me duermo sueño, y mis sueños,

cuando no son con la nieve son con la debacle, y el radio encendido toda la

madrugada amenizando el sueño de los vecinos, que suerte que parece que lo

tienen pesado, porque ninguno protesta. Quizás podría vender esta casa. Sí, y

comprarme otra más chiquita, en otra ciudad donde nadie me conozca, si esto se

puede hacer, que no lo sé. Pero cada nuevo paso que dé tengo que pensarlo muy

detenidamente. No es mala idea, no. Irme de esta casa que tanto me atormenta.

Y que se enteren cuando ya esté instalada en la otra casa. En definitivas, no puedo

empantanarme esperando la salida que no acaba de llegar, porque va y Tony no le

da el permiso a Bertica y entonces hasta que cumpla diez y ocho años que pueda

decidir por ella sola, y  cuidado, que hasta se vuelve comunista y no quiere irse de

aquí y Tania se jodió. No no no. Una casita como la de Aurelia, eso. Limpia, fresca,

ordenadita toda, con muchas cortinas y muchos adornos. Y flores, muchas flores. Y

afiches en las paredes y bombillos en colores. Un palomar. Siempre con música, y

siempre llena de jóvenes, de risas, de alegría, en un lugar donde nadie me haya

visto jamás, donde yo pueda rehacer mi vida alejada de la envidia y del odio, de la

maledicencia. Y después pensar en el trabajo, en el estudio, en cualquier cosa que

pueda ocupar todo mi tiempo para ni siquiera poder pensar en nada. Sí, ya sé que

son sueños, ilusiones, pero de eso tengo que vivir mientras mi futuro penda del pico

del aura, porque otros lo decidirán y no yo misma. Demasiado joven parí, maldita

sea la hora en que quedé embarazada. Con una vida por delante y a criar una hija.

Porque la pobre Bertica no tiene la culpa, mi amor, pero lo único que ha hecho es

complicarme la vida. Pero fue culpa mía y ahora tengo que aguantar como una

mula y afrontar la situación, y gracias a Aurelia, que si no yo no sé qué hubiera sido

de mí. Tony no me puso una navaja en el pescuezo para que le abriera las piernas,

eso tengo que aceptarlo. Fui yo quien quiso abrírselas, porque tenía deseos de que

me la metiera, sí, como me dijo la tía Emilia. Lo confieso, coño, me picaba la tota,

me picaba, por eso se la di al cabrón de Tony, y ahora miren lo enrollada que está

mi existencia por esa estupidez, que no puedo coger un respiro porque cuando no

es Bertica es la casa o es el asma o el dinero o el insomnio, pero siempre es algo que

no me deja descansar en paz ni un par de horas seguidas. Mira, muchacha, con lo

que  te den por esta casa te compras un buen bulto de tela y entre los dos nos

ponemos a hacer artículos de vestir pequeños, trapitos de esos que la gente

compra, porque en las tiendas no hay ni polvo, me dijo Miguelito, y nos buscamos la

plata sin movernos de la casa, porque si no te vas de aquí tienes que buscarte la

vida como sea, como se la busca todo el mundo. Ay, se me parte esta maldita

cabeza de tanto darle cuerda al tema. Pero quizás esa sea la solución. Vender la

casa, dice Miguelito que eso se hace clandestinamente, de espaldas al gobierno,

alquilar una pequeña, nada de comprar, por si acaso vuelo, y las telas y a viaje.

Cualquier cosa que vendas va a encontrar compradores, porque aquí no hay nada

más que anuncios y propaganda política en las tiendas, así que no lo pienses más y

arriba... Pero no sé. Ya ni siquiera sé si quiero irme de Cuba o si quiero quedarme, o 

irme de esta casa, de este barrio, de esta ciudad. Mi mamá ya casi no me escribe.

Mi padre ni hablar. Y así se me va el tiempo... Bertica creciendo y pidiendo más

cosas, yo cumpliendo años, pensando y pensando, y de aquello nada. Yo creo que

esa es la mecánica de mi vida: pensar y esperar, esperar y recordar, recordar y

pensar, y otra vez esperar. Y quién sabe si esperar toda la vida, sin llegar a saber

nunca qué es lo que estoy esperando...

(continuará)

Augusto Lázaro

@augustodelatorr



domingo, 25 de octubre de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 38

La casa de Aurelia parece un caracol. Cuando estás allí dentro sientes el zumbido

que hace el viento que llega desde la bahía y se mete en los cuartos y en la sala,

porque la casa está en una lomita y de allí se puede ver el mar y las casitas que

están allá abajo, en la Alameda, que parecen casitas de muñecas. La casa de

Aurelia también es chiquita, pero está llena de cortinas que siempre mueve el viento,

y desde la terracita del fondo se ve toda la ciudad, desde la bahía hasta Pastorita.

En esa casa todo está muy limpio, siempre corre el fresco, las ventanas siempre

están abiertas y la casa siempre está llena de luz. En el balconcito del fondo hay un

par de balances muy cómodos, te sientas allí y te olvidas del resto del mundo, y te

crees que la ciudad no existe, que eso que ves abajo es un lienzo enorme o una foto

en colores. Yo vi una vez un cuadro de un pintor santiaguero que no sé cómo se

llama, le dicen Macambuzio, que se parece a esa vista que se ve desde allí. Si yo

estoy allí, me parece que soy una muñeca metida en su casita de cartón. Cuánto

me gustaría que mi casa fuera así. Pero yo casi nunca voy a visitar a Aurelia, porque

no hago más que entrar allí y ya me estoy acordando de su hijo mayor, que por

desgracia fue mi marido y es el padre de Bertica, y enseguida se me calienta la

sangre. Por eso nunca voy. Aurelia vive con su segundo esposo y con su hijo más

pequeño, Arturo, que no se parece en nada a Tony. El esposo de Aurelia trabaja

como camionero, trasladando cargas por las carreteras, siempre viajando. No ha

tenido hijos con él. Cuando yo voy nos sentamos en el balconcito del fondo y allí se

nos van las horas conversando... ¿No has encontrado nada todavía? Nada. Mire,

Aurelia, a usted yo no puedo mentirle, lo que pasa es que realmente no he hecho

ninguna gestión seria para encontrar trabajo, no sé qué es lo que me pasa que no

me acabo de decidir. Aurelia se queda pensativa un momento. Le digo que quizás

algún día pueda continuar mis estudios, que no se vaya a creer que a mí me gusta

quedarme con la Secundaria y nada más, pero sigo pensando en un futuro incierto

como si me quedara definitivamente en Cuba, que eso no lo sabe ni Santa Tecla.

Pero Aurelia vuelve con su cantaleta de la escuela de comercio, que dice que son

cuatro noches a la semana y que podría graduarme en tres años, y con un título te

será mucho más fácil encontrar trabajo, Tania, seguro que sí. Ella no piensa en cómo

carajo voy a vivir sin dinero, solamente estudiando, y no creo que esté pensando en

mantenerme, porque eso tampoco se lo voy a aceptar. No me atrevo a hablarle

del asunto de la firma de Tony para que Bertica pueda salir del país y mis padres

sacarnos a las dos de una vez. Hay un barquito que se mueve allá donde se pierde

el azul de la bahía. Lo miramos y Aurelia mueve la cabeza, como si la nostalgia de

algo que yo no conozco la estuviera sacudiendo. ¿Y Bertica? Aurelia sonríe antes de

contestarme. Ah, de lo más bien, hoy durmió toda la tarde de un tirón, hasta ahorita

mismo casi, la dejé todavía amodorrada, ya se le quitó la tos. Pensar que Aurelia se

llevó a Bertica para el Internado porque yo misma se lo pedí. Quizás pensó que la

niña me estorbaba y por eso casi se la ha cogido para ella sola, y yo nada más los

domingos y para eso. Y al Internado nunca voy. La única vez que fui me dio un

ataque de llanto que la visita se convirtió en tragedia. Así fue como yo misma me

fui alejando de mi hija. Yo misma. Por eso, cada vez que me pongo a pensar en esas

cosas me dan deseos de matarme. Pero no tengo valor para eso. Ya no tengo valor

para nada, nada más que para darle rienda suelta a mis ideas, porque es lo único

que tengo, ideas. Ideas, recuerdos, pensamientos negativos, todo lo demás lo he

perdido. Ahora me doy cuenta de que yo he vivido todos estos años dándole

vueltas a un montón de ideas que nunca he materializado, y esas ideas son como

relámpagos que cruzan por mi cerebro y pum, se apagan, y luego vienen otros, y

esos otros también hacen pum, y se apagan, y luego vienen otros otra vez, y esos

otros se apagan también otra vez. Como picotazos de unos pájaros que golpean

mi cabeza sin cesar. Unos pájaros negros, como los cuervos, que me rodean y se

acercan a mí con sus picos afilados, preparados para encajármelos con furia. Sí

señor. Picotazos, pensamientos, ideas, recuerdos. Sobre todo recuerdos. Lástima que

en mi vida haya tan pocas cosas agradables para recordar...

(continuará)

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


www.facebook.com/augusto.delatorrecasas