sábado, 20 de septiembre de 2014

EL AULA SUCIA 41

Al salir de una reunión en la que se había analizado el caso de un alumno que

siempre hacía preguntas que el Partido consideraba capciosas, Gabriela y Elvira

continuaron discutiendo con algunos de los profesores que participaron en esa

especie de juicio político que se hacía en la Universidad como costumbre. El

alumno se había defendido, alegando su derecho a preguntar lo que quisiera, a

conocer y opinar sobre cualquier asunto, sin necesidad de esperar -fue lo que dijo

textualmente- "a que el Partido me indique lo que puedo pensar, decir y hacer".

--Aunque soy muy joven, compañeros -dijo el alumno-, nací libre, me siento libre,

y moriré siendo libre, y a mí nadie tiene que indicarme cómo tengo que entender

las cosas y actuar en consecuencia, pues tengo un cerebro y con él pienso,

analizo y entiendo o no entiendo todo cuanto me rodea... y para lo que no

entienda... bueno, para eso están ustedes, para responder a todas mis preguntas

y no inventar fantasmas que no existen.

Elvira le había contestado que él tenía serios problemas ideológicos y que su

actitud sería discutida en el comité de base de la UJC con la presencia de la FEU,

posteriormente a esa discusión con el Partido de la Facultad, y que allí se

determinaría qué hacer al respecto. Marnia había opinado que no estaba de

acuerdo con sancionar a nadie sólo por preguntar, y exclamó con énfasis que

"ojalá todos mis alumnos tuvieran tantas inquietudes, así se les desarrollaría mucho

más la mente y la capacidad para después aprender y después enseñar", y al

final había expresado que según su parecer esa era la única solución a la

ignorancia que muchos todavía tenían, incluyéndose ella misma, sobre los

problemas fundamentales de la situación del país.

--Fíjate, Marnia -le dijo Gabriela al salir de la reunión-: tú eres una orientadora

política por encima de todo, tú tienes que limitarte a dar tus clases de literatura

general, y a la vez trasladar a tus alumnos las orientaciones que te da el Partido,

¿comprendes?

--Pero yo no soy militante del Partido, yo...

--Mira, aquí todos los profesores tienen que guiarse por las orientaciones del Partido,

sean o no militantes, no me explico cómo tú todavía tienes dudas en ese sentido.

--Bueno, está bien, pero entonces, cuando un alumno me pregunte algo que esté

fuera del marco de mi asignatura, o de esas orientaciones que tú dices, ¿qué le

digo? ¿Que no sé? ¿Que sé y no estoy autorizada a responderle?

--No. Simplemente le dices que su pregunta se aparta de tu asignatura y ya. Y si

quiere más información, que venga a vernos, que nosotros le vamos a dar toda la

información que necesite conocer.

Marnia la miró con deseos de mandarla al carajo, pero se contuvo. Elvira salió a la

palestra para defender el punto de vista de su jefa en el Partido. Ese era el punto de

vista del Partido, y no se podía cuestionar.

--Mira, Marnia, yo creo que lo que pasa en tus clases es, precisamente, que tú les

permites a tus alumnos que se suelten demasiado, porque tú misma les das alas para

que se suelten. A mí jamás me hacen ese tipo de preguntas.

--¿Será que te tienen miedo? -preguntó Marnia con sorna.

--Yo no muerdo, así que no veo por qué tienen que tenerme miedo.

--De todos modos, Elvira, yo no veo que eso sea nada del otro mundo.

Gabriela intercedió:

--Tú no lo ves, Marnia, porque tú no eres militante, y no tienes el bagaje político de

los militantes, que de paso te digo que deberías pasar algún curso de este tipo para

que te superes también en el aspecto ideológico y político. Ya hablaremos de eso.

En el grupo se encontraban, además, Adita, María y Violeta, pero ninguna de ellas

dijo nada. Al llegar a la planta baja se detuvieron. Cada una tomaría un rumbo

diferente.

--Voy para el local del Partido, que Elvira me llamó -dijo Adita-, y tú refréscate, mi

amiga -le dijo a Marnia-, ya verás cómo el Partido tiene la razón.

--Como siempre -exclamó Marnia, caminando junto a María, hacia el estanquillo.

Gabriela y Elvira no se veían ya. Violeta se acercó al estanquillo, pero les dijo a

María y a Marnia que se iba a tomar café, lo que las otras desecharon. Las dos se

pusieron a conversar con algunos alumnos que revisaban revistas y periódicos sin

comprar nada.

--Me parece que te tienen el ojo echado, Marnia. Ten cuidado.

--No, María, cuidado deben tener ellas. Yo no hago nada malo. Yo solamente

respeto a mis alumnos, porque quiero que ellos me respeten, ¿no?

--Sí, pero... -María miró a todas partes, temerosa de algún oído indiscreto- pero tú

sola no vas a resolver ningún problema, y hay que estar loco para enfrentarse al

Partido. Hasta ahora, que yo sepa, nadie le ha ganado una bronca a esa gente del

Partido. Ellos tienen el poder, tienen el control, lo tienen todo...

--Todo no -Marnia sonrió con desgano-: ellos no tienen la razón. Y algún día -dijo,

con un periódico en las manos- se demostrará que ellos no tienen la razón -y

diciéndole adiós a María mientras guardaba el periódico en su portafolios-: y óyeme

lo que te digo: algún día se demostrará que ellos nunca tuvieron la razón.

(continuará)

Augusto Lázaro

@augustodelatorr

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sábado, 13 de septiembre de 2014

EL AULA SUCIA 40

Si esta cabrona se cree que yo me voy a quedar con los brazos cruzados, mansita,

mientras a ella le dan la plaza de profesora asistente, está muy equivocada, porque

yo no soy la hija de la comadrona, qué se habrá creído, porque ha leído unos

cuantos libritos y porque aquí le han celebrado sus clases, sobre todo esa clase

abierta, y porque los estudiantes siempre están celebrándole sus pujos, que Marnia

para aquí, que Marnia para allá, no jeringuen, la muy perra entró como quien dice

el otro día y yo me he janeado varios años aquí, cargando toda la jodedera de la

Universidad, de esta olla de grillos, como dice el doctor Castaño, no señor, no me

voy a quedar como una magdalena penitente, que ni se lo figure, con su sonrisa de

mosquita muerta, quién carajo eres tú para venir de flai a quitarme esa plaza, no y

no, yo estoy aspirando a esa plaza desde hace un par de años, y esta gente no

acaba de decidirse, y ahora te apareces tú y empiezan a hacer conjeturas, tú, sí,

una cabrona de mierda que se cree que me la puede quitar así de panza y de eso

nada, ya se lo informé a la decana, que se dejen de jodentina y se pongan para la

cosa, ¿o es que no se dan cuenta?, esa plaza es mía, coño, y voy a hacer todo lo

que tenga que hacer para que me la acaben de conceder, la decana con su

diplomacia, todo lo resuelve con su diplomacia, porque ese carácter de dura que

aparenta no lo emplea cuando tiene que emplearlo, vamos, no se altere usted,

profesora, cálmese, pase y siéntese, y vamos a discutir este asunto con calma, así

mismo me dice la vieja, que me calme, cómo no, a ella que está en la cima qué

carajo le importa que se jodan los demás, pero ¿cómo rayos me voy a calmar?,

¿qué se cree esa puta?, con lo mala hembra que está, porque mirándola bien no

tiene un par de tetas que se le puedan ver, ni un culo empinado de esos que sacan

de quicio a los hombres, no, claro, lo que pasa es que a mí siempre me han cogido

para el trajín y me he quedado un poco atrás, la militancia, que se me ha ido el

tiempo en reuniones, en tareas de esas que no dejan nada, en actividades políticas,

en trabajos voluntarios, ja, perdedera de tiempo, comedera de mierda, pero eso no

se lo puedo decir a nadie, ni puedo plantearlo en una reunión de la juventud, me

comen viva, literalmente me comen viva, me despedazan, y ya me tienen cansada

con tanta porquería, miren lo que me ha costado, o lo que puede costarme, mejor

dicho, porque esa verraca se cree que porque Milagros y otros profesores hablan

tan bien de ella, de su capacidad, de su dominio de la asignatura, de su magnífica

comunicación con los alumnos, ya, ¿y lo demás qué?, yo no sé qué mierda es la que

le ven, qué tiene ella, qué hace, porque la verdad que no la veo en flirteos con

ningún profesor, no, bueno, qué flirteos va a tener si está más mala que el agua del

Sábalo, desgraciada, y Ernesto y Oscar que la ponen por las nubes, Marnia es una

excelente profesora, sí, cómo no, ah, pero no todos piensan lo mismo, que no se

crea ella que todos piensan lo mismo, aquí hay algunos que piensan como yo, en

el núcleo del Partido se discutió su caso y ahí le hicieron objeciones, pero bueno,

Oscar con su empuje no digo yo, tengo que convencer a esa gente, que esta tipa

no sirve, si yo entré en su clase la semana pasada, disimulando, para ver qué es lo

que tiene, y sí, una clase bien impartida, conoce la materia, ¿y qué?, nada del otro

mundo, seguro que yo puedo dar una clase como ella, claro, tal vez no tenga

tantos libros en la cabeza, porque no me dejan tiempo ni para ver lo último que

llega a las librerías, pero voy a planteárselo a Gabriela, me estoy poniendo vieja

aquí sin superarme, me estoy empantanando, y ya estoy cansada, estoy muy

cansada, por eso esa puta se aprovecha, que ella misma me lo dijo un día, al

entrar, cuando yo creía que era mi amiga, la zorrita me lo dijo, oye, ponte para la

cosa, deja un poco el reunionismo y el papeleo y todas esas cosas, que te vas a

quedar atrás, acuérdate que tú no vas a pasar a la historia por eso, sino por tu

trabajo, supérate, lee más, estudia más, habrase visto, eso mismo se lo voy a

sacar en la próxima reunión del sindicato, que la muy pendeja está haciendo una

labor de zapa para que una se aleje del trabajo político, no digo yo si se lo saco,

todos sus trapitos sucios se los voy a sacar, y seguro que los militantes me apoyan,

esta mosquita muerta es muy hábil, muy sigilosa, se cuela por el ojo de una aguja,

cabrona, y aquí se ha colado como el café claro, la sonrisita, el saludito, lo muy

cariñosita que es, el besuqueo con los varones, claro, como ella no es militante,

ella no es nada, nada más que se ocupa de dar sus clases y de leer y estudiar, y si

acaso asistir a alguna que otra reunión para disimular, pero no sabe que aquí lo

primero es la Revolución, que lo que más importa es la ideología, la política, y de

nada le va a servir ser, como dice el muy vaina de Oscar, una excelentísima

profesora, de nada le va a servir pasarse la vida leyendo en su casa, tranquila, sin

tener responsabilidades como yo, buscando por aquí, buscando por allá, nada,

preparando sus clases, sus conferencias, sus seminarios, por eso todo le sale bien, y

yo, de bobalicona, en las reuniones, comiendo mierda, pegando cartelitos en los

murales que nadie mira, agitando a la gente para que vaya al campo, que nadie

quiere ir, dando mítines relámpago, leyéndoles los editoriales del periódico, y no

digas nada porque te ponen gira, mira, si no entrego el dichoso carné es porque me

botan de la Universidad como hicieron con el verraco de Pardo, compañero,

parece mentira que usted no esté a la altura del momento histórico que vive la

patria, y hasta lo escupieron en el acto de repudio que le hicieron, le ripiaron la

camisa, le rompieron el carro, y en su casa le tiraron piedras y le desbarataron las

persianas, qué cosa, y a mí estos pendejos no me van a hacer nada de eso, no

señor, yo, comecandela entre ellos, y a seguir mangándome los trescientos y pico

que me mango todos los meses, porque Pardo fue un comemierda, aparecerse con

eso de la dignidad, quién estará creyendo aquí en la dignidad, ahora ¿de qué va a

vivir?, porque ahora se le van a cerrar todas las puertas, claro, dondequiera que

vaya va a encontrarse con el mismo patrón, si acaso para la agricultura, para la

construcción, que para ahí deberían mandar a esta cabroncita, para que no joda

más, que bastante veneno lanza cada vez que abre la boca, no me joda, no digo

yo si muevo mis contactos, a una oposición no voy a ir con ella, ahí me gana la

muy puta, por algo se las sabe todas, tiempo tiene para eso, pero en las cuestiones

políticas, ¡ah!, ahí sí que se tiene que comer el cordobán conmigo, voy a moverme

para eso, en el decanato, en la UJC, voy a hacerle una campañita que se va a

quedar lela, ella no se imagina las zancadillas que yo puedo ponerle, parece que se

cree la muy perra que yo me voy a ir a un rincón a llorar y a lamentarme, ja ja ja,

ya verá, ya verá lo que le va a caer encima, que yo tengo bastante por donde

cogerla, no va al trabajo voluntario casi nunca, no participa en las actividades

políticas, no coopera con ninguna iniciativa de la UJC, no se manifiesta muy

revolucionariamente que digamos, siempre se está excusando con el cuento de la

niña, la voy a hacer talco, cabrona, hija de puta, venir a robarme mi plaza tan

fresquita y riéndose, y Oscar comiendo mierda con ella, ni que le fuera a coger el

bollo a la muy maricona, su madre, bueno, ya, déjame no intoxicarme más con

eso, lo que tengo que hacer lo voy a  hacer y ya, buscar apoyo en la militancia, y

ahora con lo que se dijo en el claustro, que el profesor que no se manifieste de

completo acuerdo con las orientaciones del Partido no puede continuar en la

educación superior, ya verá, no le van a quedar más deseos de aspirar a más nada,

no, que se conforme con seguir de profesora instructora y al carajo, que tiene

suerte si la dejan aquí con lo zorrita que es y con lo rezagada que está en las tareas

políticas, ¡ah!, pero lo mejor de todo: con ella todo lo contrario, qué tal, Marnia,

¿cómo te va, muchacha?, ¿cómo andan por tu casa?. ¿y tu hija en la escuela,

qué?, ven, vamos a tomarnos un café, mi amiga, te invito, pregunté mucho por ti

en la reunión del otro día, supe que estabas enferma, sí, y así, porque no voy a

demostrarle que le estoy haciendo la guerra, que dice el refrán que guerra avisada

no mata soldado, no señor, todo muy por debajo, la campañita, el apoyo de la

militancia, y cuando lo tenga todo del lado de acá, y la correlación de fuerzas

me sea favorable sin lugar a dudas, el golpe final, el estacazo contundente, que se

joda, que se reviente, que rabie, que grite, que patalee, y yo con mi plaza nueva,

con el aumento del salario, que tengo que superarme de todas maneras, tengo que

mejorar de grado, y esa puta de mierda que se vaya con sus clases excelentes al

recoño de su madre, que aquí yo no le voy a dar chance de que suba un solo

escalón más por encima de mí, ¡ni uno solo!...

(continuará)

Augusto Lázaro

@augustodelatorr


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sábado, 6 de septiembre de 2014

EL AULA SUCIA 39


DOCTORA MORELL: Bien, compañeros, vamos a proceder al análisis de la clase

abierta que impartió la compañera Marnia Brauet, cuyo tema abordado fue La

divina comedia. Como todos saben, todos pueden opinar libremente y referirse a

uno, a varios o a todos los aspectos de la clase. A ver quién rompe el hielo.

ERNESTO: Yo sólo quiero decir que hacía mucho tiempo que yo no presenciaba una

clase abierta como esa, que califico de brillante. Total dominio del tema, gran

precisión en la metodología para dar una clase, sorprendente comunicación con los

alumnos, en fin. Repito: la califico de brillante.

LILIANA: Sí, la verdad que tengo que felicitar a Marnia por esa clase abierta.

Yo también hacía tiempo que no veía algo así. Además de los aspectos señalados

por Ernesto, yo quiero agregar que fue una clase concisa, que en ningún momento

se le vio vacilar, no tuvo trabas, ella sabía muy bien lo que quería hacer y lo hizo a

las mil maravillas.

DOCTOR OROPESA: Compañeros, si esto es un elogio, vaya para la compañera

Brauet: yo creo que actualmente, y me perdonan la inmodestia, ni yo mismo podría

dar una clase así como la ha dado ella. La felicito, compañera.

OSCAR: No, yo también la felicito, nos dejó a todos con deseos de seguir oyéndola,

despertó el interés en los alumnos, y no sólo en los alumnos, yo creo que todos

nosotros estábamos interesados en la clase. Pero a mí eso no me sorprendió,

conociendo a Marnia como la conozco. Yo esperaba más o menos algo así,

aunque creo que sobrepasó mis expectativas. Eso es lo que quería decir.

DOCTOR MATTA: Sí, yo estoy de acuerdo, fue una clase excelente, con amplio

dominio del tema y de la forma en que ese tema tenía que llegar a los alumnos. No

tengo ningún señalamiento que hacerle.

ELVIRA: Bueno, para la primera vez, hay que decir que la compañera Brauet salió

airosa de la prueba, la verdad. Fue una clase muy bien impartida, demostró que

conocía la materia, y creo que todos salimos complacidos, ¿no? Ahora la

compañera debe continuar su superación y no dejarse deslumbrar por los elogios,

que a veces hacen daño, para que no decaiga su afán de superación, su desarrollo

como profesora de este centro. Y no sólo su superación docente, sino también su

superación política, como un complemento de su formación integral en el

profesorado universitario.

VIOLETA: Yo estoy de acuerdo con lo que han dicho los compañeros. Más o menos

es lo que iba a decir yo. Y también felicito a Marnia por esa clase abierta.

ADITA: Yo igual. Te felicito, Marnia, quedaste como todos esperábamos y pienso

igual que Elvira, que no debes dejarte influir por tantos elogios, porque a veces el

exceso de elogios hace más daño que beneficio.

MARIA: Sí, Adita tiene razón, pero aquí se hacen muchas críticas a los compañeros

cuando hay que hacérselas, a ella misma se le han hecho, por lo tanto, yo creo que

cuando hay que elogiar, hay que elogiar, y punto. Y no creo que Marnia se vaya a

echar a perder por eso.

ADITA: No, claro que no, yo estoy contigo en eso. Lo decía para que ella tome

conciencia de que por mucho que se reconozcan sus méritos, todavía ella, y

muchos de nosotros, estamos comenzando. Yo estoy contigo, no lo decía por otra

cosa.

MARIA: Bueno, bien. Me faltó felicitarte, Marnia, por tu clase. Ojalá yo pudiera

impartir una clase así, con tanta seguridad, con tal dominio del tema, como tú la has

impartido, a pesar del nerviosismo que provoca ese tipo de clase. Oiganme, no es

fácil pararse ahí en el aula llena de alumnos, de profesores, de gente de todas

partes, durante dos horas, y ni siquiera un bache. Eso no es fácil. Y más para una

persona que no lleva tanto tiempo aquí.

DOCTORA MORELL: Lo que pasa es que yo creo que Marnia tomó una dosis doble

de pastillas para los nervios, ¿verdad, Marnia?

MARNIA: Triple, doctora. ¡Triple! Mi marido me decía que iba a terminar como Marylin

Monroe con sus fenobarbitales... Sí, yo me sentía algo sedada, pero no del todo,

sobre todo al principio de la clase. Después, poco a poco me fui serenando, porque

vi que las cosas me iban saliendo bien. Tuve suerte, eso es todo. Y me preparé

bastante para esa clase. Pero les confieso que sí, que pasé mi buen sofocón.

MILAGROS: Yo quiero destacar aquí el dominio que Marnia ha demostrado, pero no

sólo en esa clase abierta. Cuando yo era decana y visitaba sus clases, siempre las

encontraba buenas, a veces excelentes, aunque no se lo decía mucho, por si

acaso. Pero lo reconocía con la puntuación que le otorgaba, aunque le hacía

pequeñas observaciones que por lo visto ella ya ha superado en casi su totalidad.

Así que me uno a las felicitaciones de todos. Y adelante, Marnia, que tienes un futuro

brillante en la enseñanza universitaria.

NEYSA: Señores, yo no tengo nada que decir. Me inclino ante la sabiduría que

mostró nuestra querida compañera allí. Y hay que tener en cuenta el poco tiempo

que lleva en la Universidad. Yo también pienso que ella tiene un gran futuro aquí.

Ojalá no se frustre, y para eso yo me brindo a ayudarla en lo adelante en todo lo

que ella necesite y que esté en mis manos y en mi cabeza poder hacerlo. Sigue por

ese camino, compañera. Yo creo que aquí todos te vamos a ayudar..,

DOCTORA MORELL: Bueno... ¿alguien más?

ERNESTO: No, yo nada más quería agregar que Marnia también demostró que sabe

trasmitir esas cuestiones tan complicadas a los alumnos, y ponerlas en lenguaje

actual y moderno, sin chabacanerías. Fíjense cuántas intervenciones ella logró que

hicieran los alumnos. Una cosa fuera de serie. Que yo recuerde nunca había pasado

algo así.

LILIANA: Y además, su comunicación con los alumnos se demuestra al finalizar, no

sólo con la cantidad de intervenciones, sino con el interés demostrado por ellos en

su clase. En mis visitas, yo siempre noté ese detalle.

NEYSA: Cosa que desgraciadamente no ocurre con muchos de nuestros profesores,

¿eh?

DOCTORA MORELL: Bien, si no hay otra intervención, yo quería añadir que estamos

en presencia de una compañera joven, nueva en estas andanzas, pero que ha

demostrado su valor, sus agallas, y si continúa con ese ritmo de superación en su

especialidad, dentro de poco tiempo llegará a ser una erudita, y no vacilo en

pronunciar esa palabra. Así que, en nombre de la dirección del Departamento y de

la Facultad, felicitamos de todo corazón a la compañera Marnia, y quisiéramos oírla,

a ver qué nos tiene que decir sobre todo esto que le hemos dicho... ¿Marnia?

(continuará)

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


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sábado, 30 de agosto de 2014

EL AULA SUCIA 38

La clase abierta era una prueba de fuego para cualquier porfesor en la Universidad:

a ella podían asistir alumnos, profesores, empleados, y cualquier persona ajena al

plantel que lo deseara. Siempre que a alguien le anunciaban que tenía que pasar

por esa prueba, las pastillas para los nervios aparecían en su portafolios. Era algo

que sólo le ocurría a un profesor una vez cada cuatro años, quizás cada más tiempo,

y ahora esa clase le tocaba a Marnia. Ella estaba nerviosa: se le caían los utensilios

de cocina de las manos, se mordía las uñas, regañaba demasiado a Aimée, discutía

con Mario por cualquier tontería.

--¿Y sobre qué vas a dar esa clase?

--Sobre La divina comedia.

Marnia se preparó muy bien, pero no obstante la seguridad que había adquirido, las

dos o tres semanas anteriores a dicha clase fueron una tortura. Deseaba que llegara

ese día, salir de eso cuanto antes y volver a su vida normal, y en su casa el tema de

conversación casi obligado era ese.

--Bueno, esta vez te prometo que voy a asistir y que después del mal rato te señalaré

uno por uno los fallos cometidos, aunque creo que voy a tener pocos que señalarte.

Muy pocos. Puedes creerme.

No sólo Mario le daba ánimos: Ernesto le insistía constantemente en que él estaba

seguro de que ella saldría airosa, Liliana aparentaba no darle importancia, con el fin

de quitarle la preocupación, y algunos de sus compañeros del Departamento le

ponían las manos en los hombros y le decían algo así como no te preocupes, que

eso no es nada del otro mundo, ya todos hemos pasado por eso, etc. Y aunque esas

expresiones de confianza y solidaridad le agradaban, no podía del todo sustraerse a

lo que esa experiencia significaría para su futuro en la Universidad.

--Me acuerdo de cuando yo tuve que dar mi última clase abierta -le dijo el doctor

Oropesa en un aparte junto al estanquillo de periódicos-, figúrate, que fue sobre el

desarrollo de la ensayística cubana en las cinco primeras décadas de este siglo...

Marnia caminó junto a Oropesa hasta llegar al local de Literatura, ampliado y

compartido desde la nueva estructura de la Facultad. Se detuvieron junto a la

escalera.

--Cuénteme algo, doctor, que todo el mundo me da ánimos, pero en realidad nadie

me habla del desarrollo de esa dichosa clase.

--¡Ah! -Oropesa hizo un gesto con los brazos y los hombros-. Pues nada, llegas allí y te

imaginas que estás dando una clase normal, miras el aula y sólo ves a tus alumnos

de costumbre, y te olvidas del resto de las caras que van a estar allí mirándote, y al

final, casi sin darte cuenta, se te acaba el tiempo y ya. Y nada más.

Oropesa sonrió, movió la cabeza, y también le puso una mano en el hombro,

aunque la dejó descansar unos segundos más que otros profesores junto al cuello de

Marnia.

--De todos modos -agregó, sin dejar de sonreír-, eso para ti, yo estoy seguro, no será

nada difícil. Créeme... Aquí hay algunos que han pasado un buen sofocón con esa

clase abierta, pero tú no eres de ésos. Tú... -y la miró con cierta admiración- tú darás

una clase abierta que se va a estar comentando mucho tiempo... y comentando

con elogios. Apúntalo, que te lo dije hoy, ahora, aquí, para que te acuerdes que yo

te lo vaticiné...

Cuando Marnia consideró que había terminado los apuntes para su clase abierta, le

sugirió a Mario que el fin de semana anterior se fueran a algún centro turístico, lejos

de Santiago, dejando a Aimée con los abuelos. Los centros turísticos a los que tenían

acceso los cubanos no eran muchos ni muy fáciles de alcanzar, pero Mario se las

ingenió para resolver una cabaña por una sola noche en el motel Los Mamoncillos,

dentro de la playa de Verracos, en el complejo turístico de Baconao. El sábado,

después del almuerzo, ambos emprendieron el camino tortuoso de quienes no

disponían de transporte propio, o sea, la inmensa mayoría de la población,

dedicándose al auto-stop, hacia lo que los dos pensaban que sería un bálsamo

contra la tensión preparatoria de la clase abierta, que estaba señalada para el

miércoles de la semana entrante.

--Quiero despejarme bien, no pensar en nada, en absolutamente nada que se

parezca a la Universidad ni a las cosas de la Universidad.

--Pues allí no vas a tener tiempo de pensar en nada de eso, porque nos vamos a

pasar todo el día en la playa, o metidos en el agua, o... mirando -Mario le hizo un

guiño-... sí, mirando todo lo que pueda mirarse.

--Yo también voy a mirar, cariño, así que no te entusiasmes demasiado ni te creas que tú

tienes el monopolio del disfrute visual.

--Tú siempre has mirado, sólo que yo te llevo una ventaja: una mujer tiene muchos

puntos donde clavar la vista. Muchos puntos. Pero un hombre, si le tapas la cara y la

cabeza, ya nada más te queda una camisa y unos pantalones, o si acaso un short -y

lanzó una carcajada haciéndole muecas a su mujer.

Cuando llegaron a Los Mamoncillos tuvieron que esperar un buen rato, pues a pesar de

que en la propia carpeta del motel había un letrero informando que la hora de entrada

era a las cuatro, les entregaron la cabaña cerca de las cinco. La salida, les dijeron,

aunque también estaba escrita en el mural, sería al día siguiente a las dos de la tarde.

Mario compró una revista vieja y Marnia se asomó a contemplar el paisaje que podía

verse desde una ventana de la cabañita: muchos árboles, poca gente, cielo nublado,

y oyó una música que llegaba no sabía de dónde, pero sobre todo arena, arena,

arena. Y más allá de la arena pudo ver el mar que se extendía hasta los límites de su

mirada. Poca gente, lo había notado desde que llegaron. Y muy pocos vehículos, entre

ellos un ómnibus de turismo nacional y alguna excursión de centros de trabajo. La

cabaña estaba en buenas condiciones: una instalación de tercera categoría, en un

plan creado hacía sólo tres o cuatro años, pero se mantenía limpia, ordenada, y estaba

pintada de colores claros. Además, ya los cubanos no eran tan exigentes para sus

comodidades: les bastaba con poco. Todo el mundo se había acostumbrado a que lo

mejor del país sería disfrutado por los extranjeros que traían dólares, y ya casi nadie se

sentía molesto. En eso pensaba Marnia asomada a la ventana, aunque se sentía bien y

le gustaba aquel lugar encantado, aquella cabañita acogedora e íntima, y le gustaba

estar allí con Mario, lejos de la rutina diaria abolidora de cualquier temperamento

creador, en la ciudad. Había un ventilador de techo giratorio, otro sobre la cómoda,

más pequeño, un radio VEF 206 sobre una mesita de noche, una cama amplia con

colchón de muelles, un cuarto de baño con ducha y lavabo, en fin, un lugar donde

podría pasarse muy bien un pedazo de tiempo acompañada de alguien agradable.

Marnia meditó sobre su situación, obsevando lo cerca que estaba de la playa. Se

volvió, y enseguida comenzó a probarlo todo: abrió las llaves del agua y se asombró de

que brotara a chorros.

--Querido, por lo menos tenemos agua en abundancia. Conecta los equipos a ver si

todos funcionan.

Mario enchufó el radio y los ventiladores y encendió las luces: oh, maravilla, todo

estaba ok. La miró como diciéndole hoy es nuestro día de suerte, y se recostó en la

cama para probarla. Ella se le acercó y se le echó encima, regándole el pelo, pero él

le señaló la puerta y le dijo anda, ciérrala, cosa que ella se apresuró en hacer, pero

cuando estaba a punto de cerrarla se encontró con una cara de mujer joven

uniformada que le sonreía y le decía con amabilidad:

--Compañera, si desean algo, o si hay algo que no marche bien, deben decírmelo para

ver cómo lo resolvemos enseguida.

Después, la muchacha miró a Mario a discreción y agregó: "veo que ya se han

instalado, mire, aquí tiene las toallas y el jabón, la comida empieza a las seis, hasta las

diez de la noche, después sigue abierto el bar hasta las dos, si desean algo más...", pero

Marnia cogió las toallas y el jabón y despidió a la joven en la puerta, asegurándole que

todo estaba bien, que no se preocupara, y muchas gracias, y al llegar junto a Mario

éste le preguntó si le había dado propina.

--¿Propina? Ay, Mario, eso es cosa del hombre, luego tú se la das.

--¿Luego? ¿Y ahora? -la tomó por un brazo y la atrajo hacia sí.

--¿Ahora? -Marnia miró a todas partes, como si se hallara en un lugar al aire libre-.

Oyeme, todavía no hemos llegado y ya tú estás pensando en eso.

--¿Y tú no?

Ella no respondió y se limitó a pegar su cara a la de su marido, y a quedarse un

momento pensando, abstrayéndose, hasta que sintió debajo de su blusa la mano de

Mario que seguía en dirección a uno de sus pezones y comenzaba a juguetear con él...

(continuará)



Augusto Lázaro


@augustodelatorr

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sábado, 23 de agosto de 2014

EL AULA SUCIA 37

La doctora Morell sonrió, después de escuchar el informe final sobre el trabajo

realizado por Marnia durante el curso en que prestó servicios en Tele-Turquino. El

informe elogiaba el trabajo y la actitud de Marnia y agradecía a la Universidad el

haber asignado a una compañera que "no sólo se adaptó enseguida a este medio

tan complejo y difícil, sino que por su iniciativa, su esfuerzo y su capacidad, logró

mejorar la programación que se ofrecía a los televidentes, así como plantear

sugerencias que sin dudas aportaron soluciones a problemas candentes que se

confrontaban en este canal", señalándole solamente que a veces sus salidas que se

calificaban de tempestuosas, "originaban discusiones que no ayudaban a la

disposición de aceptación a las orientaciones que llegaban del Instituto Cubano de

Raido y Televisión, lo que la compañera Brauet seguramente sabría superar"...

--Bien -la doctora Morell recogió los papeles que tenía en la mesita que habían

designado para que presidiera la reunión junto al director del canal, y suspiró- yo

creo que podemos decir que este tiempo que pasó entre ustedes le servirá

de mucho a Marnia para sus futuros trabajos en la Universidad -y sonrió, mirando a la

aludida, que también sonreía desde la primera fila de sillas en una sala al parecer

destinada a otro tipo de actos.

Al final, Marnia agradeció la comprensión y la ayuda recibida y dijo que se había

sentido muy bien entre los que calificó como nuevos y ya permanentes amigos y

compañeros que había encontrado allí. Recibió un diploma acreditativo de su

trabajo y una talla en madera preciosa como regalo del colectivo de trabajadores,

varios de los cuales la despidieron con besos y abrazos, deseándole éxitos y

diciéndole que la extrañarían, y que no se perdiera de allí, ya que en Tele-Turquino

ella sabía que tenía para siempre su segundo centro de trabajo.

--Más bien su segunda casa -señaló Antonio, mirándola muy fijamente.

El motivito posterior terminó con un brindis y casi al anochecer Marnia abandonó el

local con la doctora Morell, y se dirigió a su casa, a sólo varias cuadras de allí.

Cuando se separó de su jefa, caminó lentamente, pensando que en verdad su

corta estancia en aquel medio había sido agradable y provechosa. Recordó uno

por uno los programas donde había trabajado, las gestiones hechas en la calle, los

asesoramientos, las discusiones, en fin, todo lo que había vivido y experimentado en

Tele-Turquino. Y casi frente a los ascensores del edificio donde vivía se acordó de

Antonio y del riesgo corrido con él, todavía latente, y del peligro que ello

conllevaba: era la segunda vez que le ocurría y ella era de esas mujeres que a

veces desconocen los riesgos de jugar con el peligro, por excitante que pudiera

resultar. Reconoció entonces, muy a su pesar, que no podía desprenderse del todo

de ese dulce olor que tenía el misterio de las cosas prohibidas. Ahora volvería a la

Universidad, recomenzaría una vida también muy activa, a la que dedicaría, como

antes había hecho, todo su esfuerzo, lo mejor de su capacidad, con el mismo amor

que siempre había sentido por el magisterio... Cuando salió del ascensor y se

encaminó hacia su apartamento y se encontró frente a la puerta, pensó en Mario y

en Aimée, y se dijo que a pesar de haberlos olvidado durante el acto de su

despedida en el canal, le hubiera gustado muchísimo que ambos (sobre todo él)

hubieran estado allí compartiendo con ella ese momento único de alegría y

nostalgia, de una nostalgia que a partir de ahora le llegaría a retazos, y pensó cuán

compleja puede ser la vida, o cuán simple, y qué capaces son los seres humanos de

complicarla o de simplificarla, de acuerdo con sus actitudes y su comportamiento, y

a veces, cómo se convierte un granito de arena en una tempestad en el desierto, o

viceversa, y concluyó en que en eso descansaba la clave de la felicidad del ser

humano, de esa felicidad que todos, sin excepción, podían alcanzar luchando,

realizándose en lo mejor de sus valores y apartando las muchas miserias que existían

sobre la superficie de este bello planeta... La sacó de su sueño irrealizable, pero

hermoso, el ruido de la puerta que se abrió de pronto...

(continuará)

Augusto Lázaro


@augustodelatorr

http://laenvolvencia.blogspot.com