domingo, 13 de marzo de 2016

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 61

Cuando saludé a Charito me enteré por ella de que los médicos habían descartado

a Mayra, lo que no me sorprendió, pues hacía tiempo esperaba lo peor. Encontré a

Marina acostada en su cama. Me miró y siguió hablándole al espacio, como si no

me hubiera visto. Yo no sé para qué vive uno en este mundo de mierda, si lo único

que hace es sufrir. Se volvió a la pared y siguió su perorata. Salí al portal y me puse a

conversar con Charito. Yo me enteré por una de las acabandas del parque que

vino a ver a mi mamá no sé para qué carajo. Volví a mi casa pensando que mi

destino era ese: cada vez que me sentía más o menos bien por cualquier cosa, se

encargaba de echarme a perder la limosna de dicha que me había tocado. Yo me

sentía bien en esos días con Basilio, aunque el asma era cada vez más implacable.

Pero el amor hace que una se olvide de todas sus dolencias y cuando estaba con

él disimulaba para no disgustarlo y para no complicar nuestros encuentros que a

veces terminaban en una discusión, siempre por su situación matrimonial. Como si

me hubieran echado alguna maldición. Basilio me llevó al hospital a averiguar

algo de Mayra. Charito me había dicho que ella estaba allí otra vez y cuando

llamamos la telefonista no supo decirnos, mierda de servicio. Tras mucha

insistencia de Basilio, uno de los médicos que atendía a Mayra nos dijo que habían

hecho todo lo posible, pero miren, cuando esa muchacha llegó aquí la primera vez

ya estaba condenada, todo lo tenía arruinado por dentro por exceso de alcohol y

quizás de otras sustancias toxicómanas, no seguía ningún tratamiento ni nada, no

me explico cómo esa muchacha se abandonó de esa manera, tan joven y tan

bonita. En esos días yo no abría la boca, ni en la oficina ni en la escuela, a pesar

de que muchos me preguntaban, pero yo nada, monosílabos y a viaje. Hasta con

Nancy, que pensó que era por el asma que me tenía al trote, pero yo no quería

atosigarla contándole las mismas desgracias, para qué hablarles de Mayra si no la

conocían ni les importaba un cuerno. Y así corría el almanaque indetenible... La

agonía de Mayra fue espantosa. Una enfermera que se hizo amiga de nosotros nos

contó todo el proceso, lo más terrible para mí era cuando ella se ponía a dar

gritos y rompía la almohada y tiraba las cosas y hasta me clavaba las uñas y yo,

figúrense, sin poder hacer nada, porque ya ningún calmante le hacía efecto. Mayra

murió allí en el hospital sin tener junto a ella a ningún ser querido que por lo menos

le pasara las manos por la cabeza para consolarla un poco. Basilio se portó muy

bien, nos puso su automóvil a disposición para todas las gestiones que tuvimos

que hacer yo y Charito, que nos encargamos de los támites del funeral y del entierro

y se quedó con nosotras en la funeraria pública, haciendo grupo, porque aparte de

mí y de Charito, en la salita donde habían tendido lo que quedó de Mayra sólo

había tres o cuatro muchachas del parque que no sé ni cómo se enteraron, y dos

hombres que yo nunca había visto, que ni segura estoy de que estuvieran allí por

Mayra. Hizo todo lo posible por calmarnos, sobre todo a mí, que estaba nerviosa y

descontrolada de los nervios, hasta que llevamos los restos de Mayra al cementerio

y la dejamos allí descansando para siempre. Había sido mi primer ser querido que

moría, mi primera experiencia en los trajines del velorio y del entierro, y ya no daba

más. Nunca miré a Basilio con más amor y admiración que en esos días tristes y

terribles. Se acabó Mayra, tenía que rendirme a esa evidencia de cómo la muerte

se había llevado a una muchacha, casi una niña, en todo el esplendor de su

juventud. Ya no me reiría de sus chistes, ya no podría andar con ella por las calles

de Santiago ni ir al parque a reírnos de las acabandas. Nada. Qué odio le cogí a

los hospitales, a los médicos, a la gente, al mundo, a Dios. Nunca supe nada de

sus padres, de sus familiares, si los tuvo alguna vez, no hubo manera de encontrar

esa casa en San Luis o en el monte de que me había hablado Miguelito. A mí me

afectó más que a nadie, porque Mayra fue la primera verdadera amiga que tuve

en mis días más difíciles, y a pesar de no tener ni dos metros cuadrados donde

echarse a dormir, compartió conmigo lo que no se puede pagar con ningún capital

y gracias a ella pude sobrellevar mi desesperada situación de aquellos meses tras la

salida de mis padres. Yo me veía sola, como ella, también agonizando, sin nadie a

mi lado consolándome, y otra vez caí en una crisis depresiva, peor que las anteriores

de la que casi no he podido escaparme del todo todavía. Lloré mucho, muchísimo,

hasta que se me hincharon los ojos, en mi casa enclaustrada, sin ir al trabajo ni a la

escuela durante varios días. Cuando regresamos del cementerio, Basilio se quedó

conmigo un par de horas y después de prometerme que regresaría esa noche, se

marchó. Me tiré en la cama después de tomarme una taza grande de café y

encender un cigarro, y me puse a pensar. Y otra vez las paredes y el techo se me

venían encima, la luz se iba apagando, todo se quedaba en penumbras... buscaba

los cuadros, los afiches que había colgado en las paredes, los adornos de artesanía

que Miguelito me había conseguido, pero todo había desaparecido. Ahora las

paredes eran negras, yo no veía nada, mi casa volvía a ser la misma casa vieja,

sucia, abandonada, odiosa, con olor a viejo y a humedad. Entonces la vi: yo no

quería verla, no quería mirar aquella cara pálida, aquel cuerpo esquelético, que

me miraba con dos grandes agujeros negros donde debían estar los ojos, no quería,

pero seguía viéndola en aquella oscuridad, su cuerpo resplandecía con un tono

blanquísimo, se veía transparente y como si no fuera más que un contorno entre

las brumas. Yo cerraba los ojos, pero la veía, siempre la veía, aquel fantasma me

pedía ayuda, retorciéndose en la cama donde ahora estaba, entre sábanas

blancas y pedazos de algodón empapados de sangre, de sangre coagulada, ay,

trozos de vendajes, escupitazos malolientes, y lloraba, gritaba, arrancaba pedazos

de la almohada, del colchón, con las manos y los dientes, y su piel se desprendía a

pedacitos, se le salían los huesos de la cara y caían por toda la cama con la carne

podrida, y me miraba, me pedía que le calmara aquel dolor insoportable, me 

suplicaba que no la dejara morir... Entonces grité. Me desperté de madrugada. No

se oía nada en toda la casa. Sentí un toque en la puerta y me di cuenta de que eso

me había despertado. Un nuevo toque me alzó en peso. ¿Quién podía ser a esa

hora? Miré el despertador y vi que era la una menos cuarto. Dejé la cama sin hacer

ningún ruido y me acerqué a la puerta. Otro toque algo más fuerte me hizo

reaccionar. Abrí sin preguntar quién era. Salí ahora mismo de una reunión y pensé

que aunque es un poco tarde mejor pasaba por aquí. ¿Cómo te sientes? Era

Basilio. Su sonrisa logró calmarme un poco. Pero aún no lo había abrazado cuando

comencé a llorar desesperadamente...

(continuará)

Augusto Lázaro


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domingo, 6 de marzo de 2016

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 60

Debe ser que la temperatura ha subido bastante porque yo que no soy calurosa me

siento esta ropa pegada a la piel y por eso me dan deseos de quitármela y quitarte

la tuya para que los dos llenemos de sudor esta sábana tan blanca y tan limpia que

da gusto revolcarse en ella pero en esta cama vamos a añorar el aire frío de la

madrugada que sentimos en nuestras caras cuando caminábamos olvidados del

tiempo y ahora también nos vamos a olvidar del tiempo cuando tú registres mi casa

rincón por rincón curioseando y preguntándome por qué esto y cuándo aquello y

cómo lo demás y me digas que eso lo haces para disimular porque tú también te

pones algo nervioso en estos trances mientras yo me pongo a pensar qué pensarás

de mí pero me importa un bledo porque ya muchos han pensado bastante y con

eso no me han roto ningún hueso así que lo que voy a hacer es echarte en la cara

este humo que tengo en la boca que sé que te molesta pues me dijiste que tratas

de dejarlo pero quiero joderte un poquito para amenizar el epílogo erótico que no

se vaya a convertir en algo demasiado serio además de que no sé en qué va a

parar ni me importa aunque afrontar otra separación no es ningún dulce de coco

rallado en almíbar y como ya me estoy encariñando contigo ya me estoy

imaginando lo que me sucedería si esto no continúa como ha comenzado pero no

pienso pasarme la vida llorando y sufriendo por desencuentros y rupturas con

truhanes como tú que no me resuelven el probema así que vamos a seguir con esto

hasta ver cómo termina o cómo continúa y al carajo lo demás que como dice

Nancy tú disfruta y no analices que la vida es demasiado corta para disfrutar lo que

puedas y no para pensar lo que puedes disfrutar y me prestó un libro infantil con un

cuento que se llama La camisa del hombre feliz... Te mueves como una gata,

aunque no te gustan los gatos, tienes algo de felina, qué gracioso, sí, pareces una

gata en celo, si casi maúllas, no me digas, mira, los gatos no son tan negativos

como tú te imaginas, ah, no, claro que no, si a mí me gustan, ¿te has fijado cómo se

quedan cuando tú los acaricias?, pues así te quedas tú cuando... está bueno ya,

chico, que si sigues te voy a comparar con algún animal, también tú tienes

parecidos, ¿o no te has dado cuenta?, está bien, gatita, pero ve a colar un poco,

anda, que a esta hora lo único que tengo es deseos de tomar café, ¿así que lo

único?, bueno, además de... ya sabes, lo que pasa es que hay que darle margen

a la gozadera y mientras pasa el mareo a tragar el néctar negro de los dioses

blancos y si es con leche se le dice en mixtificación sublime con el albo líquido de la

jugosa ubre, Dios mío, que picúo estás, no te rías tanto que te va a doler la encía,

qué gracioso, y te ríes diciendome que de lo delicado a lo picúo no hay más que

medio metro de lengua o de intención, ahora otra vez con esa cantaleta de que

estoy cansada y que tengo que alimentarme mejor y todo eso que ya me la tiene

pelada con tanto mimo tuyo venga o no venga al caso pero está bueno ya de

tomar tanto café que se nos va a teñir de negro el puñetero estómago y está bueno

ya de tanta fumadera para que me digas que piensas dejarlo cuando tengamos el

estómago negro y los pulmones amarillos y todo el organismo hecho mierda como

ahora que mi voz está cortada y mi garganta es una carraspera constante pero qué

carajo si el mal está hecho y te vuelvo a echar el humo del Popular que acabamos

de encender para compartirlo porque dices que así fumamos menos ya que no

tenemos fuerza de voluntad para desprendernos de tantas cosas que nos hacen

daño cuando tú me dices que es muy fácil renunciar a una virtud pero a un vicio es

imposible y es verdad porque yo cuántas veces dije y repetí que jamás me metería

un pitillo en la boca ni otras cosas que me he metido ahí y en otros agujeros de

mi cuerpo maltratado por mí y por otros menesteres y el cabrón reloj a paso doble

que la vida se le va a uno en hacer planes que uno sabe que no va a cumplir

como me has dicho que no pasan de las buenas intenciones y uno se pasa la vida

engañándose y comiendo mierda en el pensar que sí va a ejecutar todos los planes

de cada nuevo año por eso yo me he vuelto una asquerosa chimenea que Mayra

me enseñó la muy cabrona la pobre que está en su proceso y yo aquí contigo

templando como una trastornada y tú ahora mirando una foto de mi mamá que

dejé encima de la cómoda que es la única que se salvó de la quema y me

preguntas que por qué no tengo ninguna foto mía y a repetir la historia del tabaco

en rama que no quiero recordar jamás pero me oigo a mí misma como si estuviera

dando una clase como la que me dieron la otra noche en la escuela sobre la

economía política que no entendí ni papa frita y ya está bueno de tanta

atracadera que no estoy para eso. Tú que te quejas tanto, ¿te has preguntado

cuántas muchachas estarán peores que tú?, sí, ya sé que nadie mira abajo, pero tú

no estás tan mal como te crees, no, yo no estoy tan mal,¿quién dice que yo estoy

tan mal?, vamos, cariño, que desde que estás conmigo por lo menos disfrutas  del

amor que según tú misma nunca has disfrutado de verdad, oye, no te estés

haciendo el salvador, que Salvador es el Económico de mi empresa, no, no me

hago el salvador, pero es la verdad, porque conmigo no sólo tienes sexo y tú lo

sabes muy bien, está bien, no es hora de ponerse a analizar, yo no quiero volver a

analizar nada, absolutamente nada, no quiero pensar, no quiero hacer planes,

sólo quiero vivir y si tú me ayudas a vivir te daré la razón en todo lo que me digas

que te debo, entonces me besas y sigues mirando todos los rincones de la casa que

tú consideras que es acogedora aunque no tenga más que cuatro tarecos pero

no sé por qué me da por decirte que si es verdad que me quieres además de

desearme ¿por qué no te separas de tu mujer y te dedicas sólamente a mí?, bueno,

estoy en eso, yo sí tengo que pensar las cosas cuidadosamente, pero ahora olvídate

que no es el momento, tú me lo acabas de decir, y te veo venir hacia mí con esos

ojos de retozón que tienes y de pronto nos quedamos otra vez en pelota, ¿hasta

cuándo podré resistir? y nuestros cuerpos son una sola silueta que se mueve en la

oscuridad, ¿oyes cómo maúllan esos malditos gatos en el techo?, silueta que se

mueve como una marioneta y vuelven las caricias, los suspiros, la sofocación, el

jadeo, la alegría de vivir, el sudor, ¿te das cuenta de que haciendo el amor nos

ponemos como dos muchachos?, sí, me doy cuenta, y pronunciamos palabrotas,

y gritamos, y vamos a desbaratar esta cama que ya está largando el piojo, nos

reímos, porque hacer el amor da mucha risa cuando sale bien y uno se queda

satisfecho, aunque hay quien llora en el intento, pero la cuestión es que nosotros

practicamos todas las variantes a pesar de que sólo nos hemos acostado un par de

veces, quizás tres, quizás cuatro  si contamos las ocasiones y no los días, y en fin,

que el enredillo apareció otra vez y no voy a cuestionar nada más, ni siquiera si

se puede querer a alguien de verdad a los pocos días de haberlo conocido.

Porque ni siquiera me interesa eso ya...

(continuará)

Augusto Lázaro


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domingo, 28 de febrero de 2016

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 59

Es que yo soy una muchacha tímida, eso es todo. Sé que vas a decirme que dejar

que sea el hombre quien tome la iniciativa no es más que una costumbre estúpida,

pero aunque tú no lo creas yo soy una muchacha tímida. Entonces haces lo que

haría cualquier hombre en esta situación: me caes encima con todo el peso de tu

cuerpo, comienzas a hacerme las caricias que tú, como buen tiburón, sabes que no

puedo resistir, y me haces sentir esos mismos deseos que tienes de matar de una vez

esta ansiedad que desde hace varias noches venimos acumulando, pues lo demás

va a ser el siempre descubierto secreto del amor, y lo vamos a hacer muy bien,

aunque sea la primera vez, y lo vamos a hacer otra vez pasada media hora, para

que después me digas que descanse y no confieses que tú también estás cansado,

porque este trajín nos afecta a los dos aunque tú seas más fuerte, cierro los ojos y

pienso en cosas bellas, sólo en cosas bellas, después, cuando la furia nos haya

dejado exhaustos, susurros, cariñitos, abrazos, tazas de café, humo de cigarros, y

la música del radiecito que trajiste, que me dices que me lo vas a regalar para que

te recuerde, so tonto, entonces me incorporo desnuda, camino por la habitación,

qué desfachatez, te miro, ¿qué estarás pensando ahí tirado?, sin tapar tu desnudez,

así como estás con ese pelo negro ensortijado que te cubre las orejas, y después de

un rato de mirarnos, de descubrirnos tal cual somos realmente, conversamos como

si estuviéramos sentados en aquel banquito de madera del parque y todo esto que

hemos vivido no fuera otra cosa que un engaño de nuestra imaginación, hasta que

te levantas, te pones el calzoncillo atlético que parece un blúmer, me haces sentir

avergonzada y enseguida te imito, cubriéndome el cuerpo, vas a la cocina a

tomarte otro buchito, pero esta vez me traes el fondo de la taza que va a ser el

último de la madrugada, porque el despertador, cuando enciendes la luz, marca

las tres y un poco más, aunque a mí me parece que hace sólo un rato te dije en el

parque que esta noche no me quedaba más remedio que enseñarte mi casa, no sé

ni cómo me atreví, con lo regada que está, y te ríes cuando te lo recuerdo, ah, lo

asustada que estaba, te ríes mucho, con los ojos y con la boca, con todo el cuerpo,

y en esa risa no veo una pizca de tragedia, pero yo no soy como tú, en mi cara se

nota la huella de las lágrimas, del dolor, del sufrimiento, y mi cuerpo está cansado,

adolorido, sofocado, encendemos un pitillo y tú sacas un libro de tu portafolios que

te acompaña siempre y me dices oye esto: mi brazo alcanza apenas / a rodear la

delgada / línea de luna nueva que tiene tu cintura, me hablas de su autor, de Chile,

del Premio Nobel, pero tu cara se pone seria porque tenías un viaje a ese país y allá

dices que han dado un golpe de estado y han matado al presidente Allende y tu

viaje se fue al pico, puñetera política, exclamas en voz alta, yo que no sé nada de

esas cosas, que no sé casi nada del mundo en que vivo, ni sé quién es ese Neruda ni

lo que pasa fuera del pequeño ámbito en que me desenvuelvo apartada de tantas

noticias que no me interesan, por eso te pido que me pongas al día para poder

hablar contigo de esas cosas y no quedarme rezagada ignorándolo todo, aunque

me dices que mejor como estoy, porque  quien ignora no sufre, regándome el pelo,

es que todo lo que oigo trata de política y a mí la política me da arqueadas, ya te

interesará, ya te pondrás al día y verás cómo tú también manejas el temita como

todo el mundo aquí, porque en este país todo es político y tienes que cogerle la

vuelta y aprender para sobrevivir y si es posible para vivir mejor, como lo intentan

muchos, está bien, querido, ya me explicarás, pero no ahora, amor, y no te pongas

triste, olvídate del viaje, ya te darán otro, no te quejes, que tú viajas bastante según

dice Xiomara, y dentro de pocas horas tendremos que ir a trabajar los dos, dos

buenas malas noches, qué barbaridad, y te pasas mi pantalón por la cara y el

cuello, eso es como acariciarte, dices sonriéndote otra vez, nos tiramos en el

quicio del pasillo, seguimos conversando, casi susurrando, que nos oye Aleida, no

tenemos sueño, pero ahorita vamos a tener unas caras de lástima, a mí me va a

pesar mucho más, tengo que madrugar todos los días, estoy muy débil y cansada,

pero ahí en el patio, a la izquierda de nosotros, dentro de poco comenzará una luz

de amanecer que esta vez alumbrará los deseos de vivir que ahora tengo, estos

terribles deseos de vivir que hacía tanto tiempo ni siquiera pensaba que volvería a

sentirlos...

(continuará)

Augusto Lázaro


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domingo, 21 de febrero de 2016

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 57

¿Qué estás leyendo?, le pregunto a Nancy al entrar en su oficina y verla sonriéndose

con un libro encima del buró donde aparenta que trabaja. ¡Genial!, esto está genial,

el relajo vigueta, me dice sin dejar de sonreírse, hasta que le quito el libro, en cuya

portada leo un título que me hace sonreír. Todos éramos unos cabrones. Pero ¿de

dónde tú has sacado esto? Porque es un libro extranjero, ¿eh? Oye, mira que si te

cogen... No me van a coger, no te preocupes, que yo no soy candidata a la Villa

Marista como esas mujeres que llevan allí para interrogarlas y hasta les meten el

dedo en el culo a ver si ocultan algo, y me quita el libro, cuando lo termine te lo

presto, para que largues las tripas riéndote.  Pero Nancy, ¿de dónde lo sacaste?

Ah, facilidades que tiene una. Un gallo amigo de mi hermana que lo trajo de la

madre patria, imagínate, allá se publica todo esto a pesar de don Paco, pero oye

esto, y hojea el libro buscando alguna página para leerla, oye qué personajes se

gasta la novelita, oye, y casi sin respirar me zumba una retahíla de nombres de los

personajes que el autor del libro metió entre sus páginas y que Nancy tiene en un

aparte, relacionados con su propia letra (si la cogen no podrá negar que el libro

es suyo): una puta en cuaresma, protagonista principal, dos putas mellizas, una vieja

tortillera, un negro maricón, cosa rara, ¿eh?, un mataperros, dos pelagatos, tres

chulos sin trabajo por falta de mujeres de la vida como dicen, ¡ah!, esto no tiene

desperdicio, mi amiga, cuatro mercachifles, una matrona arruinada y pellejuda,

cuatro niñas del ambiente que no se deciden a meterse a putas, una de encargo,

dos matasanos, dos sacamuelas, tres borrachos nocturnos, una gorda cleptómana,

ja ja ja, si me dan dolores de barriga cada vez que leo algo del libro, un chupatintas,

dos picapleitos, varias chismosas de solar, algún donjuán de pacotilla que no ejerce

por vejez anticipada, policías que contactan con el ambiente, un juez sordo, dos

ladrones de gallinas, el dueño de una valla de gallos, mujeres ociosas en las colas,

el carnicero que es un salao, las tres Marías, Lola, la dueña del bayú de la esquina,

la hija de Lola que no se queda atrás, el querido de la hija de Lola, un viejo chocho,

otro chenene, saltimbanquis, merolicos, traficantes, un cura arrepentido de ser cura,

ja, un rascabucheador, un par de mirones con anteojos de azotea, los cuatro jinetes

del Apocalipsis, los tres Villalobos, que ninguno era bobo, y los morrocoyos de la

basura: un moro, un chino, un negro y un gallego, y algunos personajes que de vez

en cuando aparecen en algunas páginas... jajaja, para mearse, mi amiga, de veras

que sí, pero oye, Nancy, eso parece escrito por un cubano, ¿no?, ay, mija, sí, es...

pero en eso sentimos pasos y seguro que es el Económico, y en menos de dos

segundos Nancy mete el libro en una gaveta del buró y se pone a revisar unos

papeles con cara de agotamiento por exceso de trabajo, mientras yo me hago la

que le pido algo en voz muy baja, y adivinamos, es el Económico que se asoma a la

puerta, nos saluda, y sigue de largo, como es su costumbre, porque Salvador tiene

eso de positivo, que es muy discreto y respeta la privacidad de sus empleados...

Me topo con Salvador, lo saludo, y me largo por el pasillo que jode, casi tropezando

con Cándida, una gorda que siempre está de aquí para allá, y siempre detrás del

Económico, de secretaria o de perrita faldera, pero en fin, que eso no es asunto mío.

A la salida me llama la muy jodedora de Nancy y me pregunta, antes de ir a la

cafetería a tomarnos una ilusión de café, que si por fin me eché al pico al casadito

de la otra noche, ay, Nancy, qué tremenda eres, pues claro que no, todavía es muy

temprano, Nancy afirma con la cabeza, pues haces muy bien, a los hombres hay

que hacerlos sufrir, que se jodan, que se babeen, que después que los tengamos

bobitos les damos un chance y ya están atrapados, mansitos como chivos capados.

El café, los cigarros, el gentío, a esa hora a esperar un transporte es cosa de mongos

¿y tu amiga, la que estaba muy enferma?, me pregunta. ¿Mayra? Pues no sé nada,

no sé ni dónde diablos está, pero sé que está muy jodida, y Nancy se pone seria ,

paga, y salimos de la cafetería. La vida es muy cruel, mira los hijos de puta que están

en la mangadera, embolsillándose buenos sueldazos, viajando como gaviotas, con

el dinero del Estado, con buenas casas, y algunos hasta con carros particulares,

óyeme, que en Cuba para tener un carro hay que hablar con el espíritu del negro

Pirindingo a ver si te echa una mano o si no ser un buen hijo de la grandísima o ser

Mandrake el Mago, si no, paticas para qué las quiero. Nancy no sabe nada de mi

posible salida del país, nadie lo sabe en la oficina, me hacen un expediente y adiós

trabajito y sueldecito, que aunque sea una mierda es más que cero y con eso voy

tirando. Milagro que el Económico no me ha investigado, porque aquí se investiga

hasta el color de la mierda que cagas, que es el mismo más o menos en casi todos

los seres humanos, igual que los dientes y el huevo de los ojos. Ah, estoy grosera

hasta en mis pensamientos, pero en fin, que no se puede ser fino donde todos son

oye, Tania, ¿y la escuela qué?, me dijiste que sacaste las pruebas, ¿eh? No tienes

problemas, ¿eh? Porque fue ahí donde conociste al hombrín, no vaya a ser cosa

que por estar con él dejes las aulas. De eso nada, monada, ni por él ni por el

príncipe de Gales, que no sé quién coño es pero lo oigo mencionar a cada rato, y

me da por pensar en cómo ha cambiado mi vida desde que comencé a trabajar

y a estudiar, que ya ni a la casa de Marina voy, no sé ni cómo andan, aunque la

Charito me manda recaditos con Aleida, y Aurelia se ha cogido a Bertica de verdad

para ella sola, hasta le cuesta trabajo llevármela los domingos, dice que yo estoy

agotada y necesito descansar, y la niña criándose con la abuela como si no tuviera

madre, y ni hablar de los ataques de asma que me tienen sirica, el médico con sus

mierdas, pero nada, o sea, que mi vida ha mejorado, pero todavía me quedan

muchos puntos negros que no sé cómo voy a superarlos, Tania, muchacha, óyeme,

despierta, ¿dónde estabas? La voz de Nancy me vuelve a la realidad de la calle,

a lo mismo de todos los días, el dinero que casi no me alcanza, hay que buscarse a

un extranjero que maneje dólares para que le compre a una lo que una necesita o

desea, pero la idea de meterme a puta no me cuadra, yo no nací para abrirle las

piernas a cualquier papanatas por unos cuantos fulas, no señor, así que bueno,

Nancy, nos vemos, y a caminar todo Garzón a ver si cuando llegue a la rotonda

todavía sigo en pie, o tienen que cargar conmigo para el cuerpo de guardia

porque me he desmayado y alguien que se apiada de mi estado me lleva a ver si

me reaniman y me quitan el descuajaringamiento que tengo...

(continuará)

Augusto Lázaro


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domingo, 14 de febrero de 2016

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 56

Pero antes de llegar a la puerta de mi casa tú y yo caminamos sin cansarnos, como

si las calles fueran nuestras sólamente, y no hablamos, como si cada uno de nosotros

estuviera adivinando lo que piensa el otro, y fumamos, lanzando bocanadas hacia

adelante, para ver cómo el aire las trae a nuestras caras, entonces sentimos ese

airecito frío de la madrugada y eso es muy agradable, y nos detenemos sólo para

besarnos cuando nadie pasa cerca, para después continuar caminando así, muy

despacio, como si quisiéramos que no se nos terminara este ratico de andar por

estas calles solitarias, hasta que por fin llegamos a la puerta de mi casa, no quiero

que tú entres esta noche, quiero prolongar todo esto que recién comienza, que no

sé en qué va a parar, pero que no me importa en qué pueda parar, porque me

gusta cómo ha comenzado, y deseo que estas sensaciones vayan llegando poco a

poco a mí, que esto no se eche a perder por el apresuramiento, porque cuando

hay entrega rápida hay olvido rápido, el hombre se aburre de lo que tan poco le

costó ganar, y esta vez no me va a suceder, no quiero que me suceda contigo, alzo

la vista y te digo mira, allí en el murito hay un gato que me está mirando fijamente,

sus ojos brillan en la oscuridad, un gato, ¿ves?, nada menos que un gato, los pelos se

me erizan, me estremezco, ¿qué te pasa?, me preguntas, y te digo que algún día te

contaré la historia, me abrazo a ti para que me protejas, y tal vez por eso me tomas

por los hombros, me recuestas a la puerta cerrada de mi casa, me aprietas con

furia, y apenas logramos murmurar varias palabras entre beso y beso, no quiero

que entres hoy a mi casa y no voy a hablarte de eso, te pones impaciente, dices dos

o tres palabras que apenas escucho, me miras a los ojos excitado, me zarandeas,

la noche ha refrescado mucho, casi siento frío, ahorita me pongo a temblar aquí

mismo, y me besas, me besas, me besas...

(continuará)

Augusto Lázaro


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domingo, 7 de febrero de 2016

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 55

Esstoy conversando con dos compañeras de la escuela a la salida cuando tú pasas.

Aquel es Basilio, vamos a decirle que nos lleve, dice Xiomara, parece que regresó

de su viaje a España. Corremos hasta tu automóvil, que está detenido en la esquina

de Carnicería, pero en medio de la calle me entra la calambrina y me paro de un

golpe. ¿Qué te pasa, Tania? Vamos, que te van a aplastar como a una cucaracha,

y Xiomara me hala por un brazo, pero ¿cómo voy a meterme en tu automóvil si no

te conozco? Con Basilio no hay problemas, niña, vamos, yo te presento y tú verás,

y así y asá, no seas tan sanaca. Después de los saludos, a mí con la mano y a ellas

con besos y apretones, arrancas y nos llevas hasta Ferreiro de un tirón. Qué suerte

que te vimos, Basi, a ver, cuéntanos, ¿cuándo llegaste?, anda. Mientras tú le cuentas

a Xiomara y a Carmita, yo me quedo en éxtasis, como atontada por un sedante

fuerte. No veo en ti nada que me llame la atención, aunque tú me miras varias

veces por el retrovisor. Cuando nos bajamos las tres en la rotonda, las muchachitas

se ponen a jaranear conmigo, échale, Tania, te salvaste, ya viste cómo te miraba,

échale, ya tienes pupú para ir a la escuela, y que el hombre no está para dejarlo

pasar. Me sonrío. Qué bobas son ustedes. Después me informan de que tú eres

casado y que nunca te ven con tu esposa y que aquí y que allá, y me voy para mi

casa sin darle importancia al encuentro casual ni a las jaranas. En una palabra, me

olvido de ti. La noche siguiente, cuando suena el timbre de salda, Xiomara se me

acerca con una sonrisa de pícara y me suelta ¿sabes quién está allá abajo?, y por

supuesto, el que está allá abajo eres tú. Pero lo que no puedo imaginarme es que

tú estás esperándome, precisamente a mí. Por eso me quedo sin saber qué hacer

cuando bajo y te veo en la puerta y enseguida te acercas y me dices a rajatabla

que si voy para mi casa me puedes llevar, porque tú vivies en Vista Alegre y tienes

que pasar por Ferreiro obligatoriamente. Vamos. Me coges de improviso, y como

estoy cansada y aturdida acepto. Te juro que no sé cómo me atrevo. Pones el auto

en marcha y me doy cuenta de que vamos solos y yo en el asiento delantero junto

a ti, corriendo Aguilera arriba. ¿Y las muchachitas?, te pregunto, nerviosa. Y me dices

la primera mentira: se quedaron estudiando, en la biblioteca de la escuela, me

dijeron que no las esperara, y en ese momento me doy cuenta de que es raro que

no me dijeran nada, y además, que la biblioteca cierra a las once cuando cierra la

escuela. Mira si eres pillo. Todavía estoy reaccionando a tus embustes cuando giras

en la Plaza de Marte para coger Garzón y seguir hasta Ferreiro. Me pareces un tipo

decente, pero eso sí, atrevido, porque cuando llegamos a la rotonda detienes el

auto y me dices todavía no son las once, ¿estás muy apurada? Bueno, tengo que

levantarme temprano, te digo, ¿por qué me lo preguntas? ¿Y por qué tienes que

levantarte tan temprano? Yo no dije tan, dije que tengo que levantarme temprano.

¿Pero por qué? Eeeeeh, pues porque yo trabajo, preguntón, y porque tengo mil

cosas que hacer, ¿qué tú te crees? No no no, yo no me creo nada. Me dices que tú

no sabías que yo trabajaba, otra mentira, porque seguro que Xiomara te dijo varias

cosas sobre mí y entre ellas eso. Entonces me dices que habías pensado que como

no era demasiado tarde podíamos entrar al LIDO un rato, para tomarnos un par de

jaiboles y conversar un poquito, dices. Todo un profesional. Pero yo de verdad que

estoy cansada y te digo que no, que otro día, sin imaginarme que me vas a tomar

la palabra, porque tú eres así. Está bien, mañana entonces. No te digo nada. Me

sonrío, nos despedimos como dos casiamigos y a dormir. Pero esta noche sí pienso

en ti, y bastante. Al otro día se lo cuento a Nancy y ella me hace un guiño, pues

nada, muchacha, si el hombre te gusta, échatelo, que la vida es corta. Qué Nancy.

Pues esta noche es jueves, la ultima de clases en la semana, y tú me vas a recoger

y ahora sí entramos en el LIDO, nos tomamos más de dos jaiboles, conversamos no

un poquito, sino un muchito, y hasta bailamos un par de piezas con la música

horrible de una victrola del bar. Y al fin la primera verdad: sí, soy casado, que a mí

no me gusta andarme con mentiras. So caradura. Pero me pintas el mismo cuadro

que le pintan los hombres casados a las mujeres que quieren conquistar: mi mujer es

muy buena, es buenísima, no puedo decir otra cosa, pero siempre está de mal

humor, se le ha agriado el carácter desde que perdió a su madre y me hace la vida

insoportable. Te callas un momento, esperando mi reacción, y como ya estoy lista y

consagrada en el arte de la impostura femenina, pongo cara de inmaculada Sor

Sagrario, presta a oír lo que ya sé que me vas a decir enseguida. Y me lo dices: ya

hace tiempo que nuestras relaciones son mera fórmula, nada de sexo ni de ninguna

intimidad. Ja. Te cogí, bandido, pero te sigo la corriente, a ver en qué para esto.

Me gusta oírte, dices las mentiras con una seguridad que si me empujan un poquito

me las creo, y aquí contigo me olvido de todos los problemas reales o imaginarios

que todavía tengo. Y ya de madrugada, cuando van a cerrar este club de tercera,

escuchamos una cancioncilla suave que sale de la Motorola, que a esta hora me

suena a música celeste... es el viento que te habla / y acaricia tu corazón, / es el

viento que te besa, / es el viento que soy yo...

(continuará)

Augusto Lázaro


www.facebook.com/augusto.delatorrecasas