sábado, 14 de febrero de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 6

Qué tarde es. Este despertador está parado. O roto, qué sé yo. Me duele la cabeza.

Me duele mucho. Me siento como si hubiera estado tres días durmiendo. No me

acuerdo a qué hora me acosté anoche. Y aquí parece que no hay nadie. Anoche

se llevaron a mi mamá para el hospital, de eso sí me acuerdo. Mi padre se fue con

ella, pero no sé dónde están mis hermanos. Aquí no están. Anoche me quedé sola

un rato, hasta que se aparecieron las tías. No me gustan las tías. Nunca se ríen y

tienen las caras embadurnadas de pintura y colorete, parecen espantapájaros. Pues

sí. Anoche llegaron y enseguida se adueñaron de todos los rincones de la casa,

dándome órdenes y registrándolo todo, por eso me metí en mi cuarto y las dejé ahí

paliqueando, que no paran de darle a la singüeso. Me puse a pensar en lo que

estaba sucediendo, pero llegó una de las tías y me obligó a tomarme un vaso de

agua con unas pastillas que no sé de qué rayos serían, y enseguida me dormí. Y no

recuerdo más. Aquí no hay nadie, no. Hay tanto silencio que puede oírse el zumbido

de una mosca volando. ¿Le habrá pasado algo a mi mamá? Dios mìo. Lo único que

me faltaba. Déjame levantarme a ver qué hago... No, no hay ni un alma en esta

puñetera casa. Me han dejado sola, parece que se han olvidado de que yo existo.

A lo mejor Aleida sabe algo, déjame llamarla por el muro a ver... Ah, pero qué tonta

soy, Aleida debe estar ahora en su trabajo, igual que Juan. ¿Por qué me habrán

dejado sola? Ultimamente me dejan sola a cada rato, no se ocupan de mí, así

como estoy, y si me da un dolor o si me pasa cualquier otra cosa, qué bárbaro.

Porque si doy un grito no se entera ni el Diablo, y cuando regresen me encuentran

ahí tirada. Qué barbaridad. Ni un papel ni nada. Se largaron todos y a mí que me

parta un rayo. ¿Qué hora será? Y este radio también está matungo. ¿Qué tendrá mi

mamá? Mi mamá se ha puesto mala últimamente, se ha puesto tristona. Siempre

con sus dolores de cabeza, y hasta su carácter ha cambiado. ¡Ay, cómo me duele

la cabeza!  Tengo una debilidad que me parece que me voy a desmayar. Y tengo

hambre, tengo mucha hambre. Me voy a tomar un vaso de leche con un par de

aspirinas a ver si se me quita este maldito dolor de cabeza. Después ya veré. Si no

hay nada aquí tendré que ir a buscar el pan, eso si encuentro el dinero que tiene mi

mamá para las compras. Ojalá que mi mamá vuelva pronto, porque yo aquí sola,

metida entre estas cuatro paredes, me voy a volver loca. Y luego mis hermanos con

su jodedera. Graciosos que son los muy verracos, que no paran, y mi padre con sus

puyas. Ni un papel ni nada, ¿será posible? Y esta cocina está más pelada que la

carnicería de Juanelo. El hambre que tengo y con esta barrigona, que ahora tengo

que comer para mí y para la criatura. Ah, pero no voy a darle cranque a eso. Leche

y aspirinas y a viaje. Se acabó. Un vaso de leche me caerá bien, supongo, así voy a

entretener al hambre hasta ver si viene alguien y me trae algo. Si no, pues no sé, no

sé bien lo que voy a hacer. Cuando regrese Aleida le pediré algo por el muro. Y a

esperar. A ver qué es lo que hay...

(continuará)

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



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sábado, 7 de febrero de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 5

He descubierto que Tony es sagitario. Lo he descubierto en los papeles que mis

padres han tenido que tramitar para nuestro matrimonio. Casi no me lo creo:

yo y Tony casados. Y casados de verdad, con papeles, firmas, testigos, el copón

bendito. Mis padres están más locos que Jacinto el basurero. Un matrimonio sin

relaciones, sin noviazgo, sin nada. Pero mi mamá me lo dijo: sí, hija, sí, yo sé todo

eso que me dices, pero es lo único que podemos hacer para que no te quedes

deshonrada, y ahora tengo a Tony aquí en la casa, metido en mi cuarto, ja, y

durmiendo en mi cama, y mi padre cada vez que se cruza conmigo se me queda

mirando y me dice: ¿eso no es lo que querías? Pues ahí lo tienes. Mi mamá tiene una

colección de revistas de esas que hablan de los signos, de las parejas, del amor,

de la salud, de las relaciones en el hogar, de todo, y cuando se pone a conversar

con las amigas que vienen a visitarla yo me escondo detrás de las cortinas para oír

lo que hablan. Y hablan de esas cosas que vienen en esas revistas. Yo quietecita,

recogiéndolo todo, como una esponja. Y cuando mi mamá está durmiendo la siesta

y mi padre y mis hermanos están fuera, me pongo a registrar las cosas de mi mamá,

sobre todo esas revistas, que las tiene a montones. Por eso he aprendido todas esas

cosas de la astrología. Y las cosas que he visto en esas revistas. En ellas descubrí que

Tony es sagitario y yo soy cáncer, que yo no sabía nada de eso. Y esas revistas dicen

que los sagitarios y los cánceres hacen buena pareja. Díganmelo a mí. Pero en fin,

fuera por las revistas o por lo que fuera me escapé del legrado que quería mi padre.

Tuve que buscar esa palabra en el diccionario, porque a mí ni hostias. Claro que mi

mamá no le dice nada al toro de los signos y esas cosas, porque ese hombre no

cree ni en la paz de los sepulcros. Siempre le está diciendo a mi mamá que no

coma tanta mierda con los santos y las oraciones y toda esa porquería que ella

siempre está barajando, ya tú estás muy vieja y muy cuca para andar creyendo en

que los muertos salen, así le dice algunas veces y ella se calla y se mete en su cuarto

murmurando, algún día te arrepentirás de esas blasfemias, pero lo dice tan bajito

que mi padre ni se entera. Mi mamá cree en todo, en eso y en todo, y de verdad,

de corazón, mi padre no ha podido quitárselo. Ella lee esas revistas a escondidas,

por eso las guarda todas en una caja de cartón enorme debajo de su cama,

porque si mi padre las descubre las quema toditas y no queda ni la caja. Pero yo

las leo también, a escondidas también, que no quiero más líos con el toro furioso,

aunque yo tengo que esconderme de los dos, y así me entero de cosas cuando mi mamá

se pone a conversar con sus amigas en su cuarto, como aquel día que mi mamá tenía la

lengua suelta y le decía a una de esas señoronas que vienen a perder el tiempo con sus

boberías, que nosotros nos vamos muy pronto y nada más que estamos a la espera de

resolver los últimos detalles y después el telegrama. Eso fue lo que oí. Y no entendí ni

pitoche. No sé por qué mi mamá se anda con tanto remandingo con esas revistas, si en

definitivas aquí siempre se hace lo que quiere mi padre. Que se tiene que casar, pues me

caso, que el mocoso ese tiene que venir a vivir aquí, pues el mocoso viene, que esta

culicagada tiene que dejar el Pre por ahora, pues lo dejo, con la barriga no te dejan

entrar en el Pre, así que despídete. Ahora que estamos casados Tony no es el mismo. Ya

no es el mismo. Se ha vuelto un purgante. Ya no me pasa las manos por el pelo y la

cabeza como me las pasaba cuando nos veíamos en el parque de Ferreiro, ya no me

dice esas cosas bonitas que me decía cuando yo me escapaba de la escuela para ir a

encontrarme con él, ya no me besa como me besaba cuando estábamos solos en

algún lugar lleno de matas y allí nos cogía la noche. Nada de eso. Tony se ha

puesto más seco que una tusa de maíz. Para mí que es porque yo me he puesto

barrigona, se me han alterado las piernas y se me ven las venas, y parece que el

muy cabrón se ha aburrido de mí. O a lo mejor es que nunca me quiso para nada.

Para pasar el rato, como me decía mi mamá. Y como lo obligaron a casarse y a

vivir aquí no le queda más remedio que estar aquí inscrito en la familia y punto. El

caso es que no me saca ni al parquecito de Escario. Y yo le caigo encima como un

pitirre a una tiñosa: óyeme lo que te voy a decir, Tony, óyeme bien, esto no puede

seguir así, ¿me estás oyendo?, no paras en la casa, no le hablas a mis padres, no

quieres llevarme a ningún sitio, ¿qué tú te piensas, chico, que yo me voy a pasar la

vida aquí metida entre estas cuatro paredes y tú por ahí callejeando y sateando de

lo lindo?, pues no, estás equivocado, ¿me oíste?, estás muy equivocado... Y esta es

la primera vez que Tony me da un bofetón. Canalla. Ah. Yo no quiero decírselo a mi

mamá, para que no sufra más por gusto, y porque tengo miedo. Por eso no se lo

digo a nadie, me trago el purgante y lo digiero yo solita con la rabia que me da el

bofetón del desgraciado este. Tony toma mucho ron, se emborracha, me forma un

escándalo por cualquier detallito, y yo tengo miedo. Lo que me da es por ponerme

a leer esas revistas viejas de mi mamá, así me entretengo y me olvido de los malos

ratos. Quién sabe si en esas revistas encuentro alguna ayuda. Las revistas y el

diccionario, mis grandes entretenimientos. Y a ver si puedo comprender lo que me

está pasando, por qué yo y Tony no nos compenetramos como dicen esas revistas

que deberíamos compenetrarnos, todo eso. Yo asombrada, descubriendo un

mundo que desconocía por completo, leyendo revistas y buscando palabras en el

diccionario de mi padre. Algo bueno tenía que tener para mí. Mi padre no tiene

tiempo para nada, nada más que para echarnos descargas, gritar, soltar

palabrotas y joder, porque jode cantidad. Algunas veces mi mamá viene a sentarse

junto a mí en mi cama cuando estoy acostada y se acuerda de cuando yo era una

niña, pero ya no es como antes. A veces me pasa las manos por el pelo y la cabeza,

pero sólo unos segundos. Son más de las once y ese joven no acaba de llegar, me

dice. Deja eso, mami. Ah. La gente ya no cree en nada, sigue diciéndome antes de

irse a acostar, pero no dice que el otro tampoco acaba de llegar, sabe Dios en qué

andará por ahí a estas horas. Hasta yo me he vuelto un poco descreída con las

cosas que veo y que oigo, y por el desengaño que he sufrido, y cuando estoy fuera

de mí mando a Dios al carajo, aunque cuando tengo el agua al cuello vuelvo a

acordarme de él, como hace todo el mundo. Pero él no se acuerda de mí. Me he

aprendido de memoria los signos zodiacales y eso me pone a pensar, porque esas

revistas dicen que yo y Tony deberíamos llevarnos de maravillas y ya ven. Por saber

el porqué sería capaz de ir a ver a una de esas viejas que tiran las cartas, que viven

en pocilgas y están sucias y son más pobres que un náufrago en una isla desierta. Mi

mamá cree en Dios y en la astrología y en el cura de la iglesia, que dice que es

quien la absuelve de todos sus pecados. ¿Qué pecados, mami? Pero ella cambia el

tema y nananina. Yo no voy a la iglesia porque mis compañeros del Pre nunca iban

y me lo decían, mira, Tania, ten cuidado con eso, no te destaques, que aquí hay

alumnos que van a la iglesia y han tenido problemas por eso, así que ni te acerques

a una iglesia, por si acaso, y dice mi mamá que cuidadito con ir, que rece aquí en la

casa, que ella va a la iglesia a rezar por nosotros allí. Yo creo, porque hay que creer

en algo, aunque ya me estoy dando cuenta de que no se puede creer en todo ni

en todo el mundo. Mi mamá, cuando se pone patética, me dice que no se puede

vivir sin llevar a Dios en el corazón. Qué cosa. Pues sí, esas revistas son mi refugio. Sí,

porque después del matrimonio mi mamá casi no se ocupa de mí, y Tony como si no

existiera, y el asma molestándome bastante, que ya ni me acordaba de ella, y mis

hermanos con su jodedera y chocando con Tony cada vez que se cruzan. No, si yo

lo digo: el copón bendito. Y esta soy yo, esta es mi casa, esta es mi familia, esta es

mi situación, y estos son los recuerdos que estoy almacenando para mi futuro, si es

que yo tengo futuro. Mira que he pensado y pensado por qué Tony me da tantos

golpes, porque yo a él no le hago nada. Si casi ni le hablo. Pero él me grita, me

empuja, me zarandea, me pega un galletazo por el gusto de pegármelo. Ay de mí.

Primero mi padre y ahora Tony. ¿Habré nacido yo para que me maltraten, me

humillen, me golpeen? ¿Quién será el próximo? Ah, pero el aguante tiene un límite.

 llega el día en que ya no puedo seguir aguantando: esta vez Tony me ha dado

tantos golpes que estoy aterrorizada de pensar que se me pueda malograr la

criatura y entonces no me queda más remedio que decírselo a mis padres. En el

comedor, mientras estamos almorzando, como Tony nunca almuerza con nosotros,

me bajo el cuello del pulóver y les digo miren, miren las marcas que me ha dejado

ese desgraciado. Y les cuento todo desde que comenzó. Casi no puedo hablar del

nerviosismo, de la rabia, del odio, pero suelto el paquete. Mis padres dejan de

comer, me registran el cuello, los hombros, la espalda, buscando hematomas y

heridas y menos mal que Tony nunca está en la casa de día, porque mi padre lo

mata. ¿Y por qué cojones no me habías dicho nada?, me grita mi padre enfurecido

y colorado como un tomate maduro. Suda, da unos paseítos por el comedor, se

rasca, fuma, casi le da un infarto. Y el resultado de mi confesión va a ser que a los

pocos días mis padres me van a decir que ellos han decidido que yo me divorcie, y

no hay más que hablar, y mi padre va a salir como un caballo de carreras, dando

tumbos y portazos. A mí no me van a preguntar ni hostias, me van a decir eso y ni se

te ocurra abrir la boca, chiquilla tonta, y a las dos o tres semanas ya yo y Tony

estaremos separados y después divorciados, él se irá  para su casa antes del trámite

y yo me quedaré en la mía con mi barrigona, mis ataques de asma, mi desconsuelo

por el fracaso de mi matrimonio, las burlas de mis hermanos, y sin poder hacer nada,

esperando, esperando, esperando... dejando que pase el tiempo...

(continuará)

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



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domingo, 1 de febrero de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 4

Esta es la primera vez que yo llego a mi casa después de las diez. Me tiemblan las

manos. Me tiembla todo el cuerpo. Yo sé que mi padre está esperándome, sentado

en la butaca, detrás de la puerta, yo lo sé, porque él no es de los que se paran en

la puerra a vigilar. Sí señor, sentado en la butaca con cara de toro furioso, fumando,

cruzando y descruzando las piernas, mirando su reloj cada cinco minutos, listo para

cuando yo llegue y toque suavecito. Yo lo sé, cómo no voy a saberlo, si lo conozco

bien, lo conozco muy bien. Sé que enseguida que me oiga tocar va a dar un brinco,

va a tirar el cigarro en el suelo, va a abrir la puerta y se me va a quedar mirando un

momento, carraspeando la garganta, con la cara sudada por la rabia. Así mismo

como me lo estoy imaginando. Mi padre no habla mucho conmigo, las descargas

se las echa a mi mamá, la pobre, que las aguanta sin chistar. Bellaca que es. A mí

no, a mì nada más que va a decirme: ¿así que en la calle hasta esta hora con ese

muerto de hambre?, si me parece estarlo oyendo. Lo demás van a ser golpes, y

golpes muy duros, me va a golpear con su fuerza de bruto, su furia de salvaje, y los

golpes me van a doler mucho, voy a llorar, a gritar, y mi mamá va a aparecerse en

la sala con su cara de Magdalena arrepentida, pero no va a hacer nada, nada más

que llorar ella también. Y a la media hora todavía me va a arder el pellejo. Animal.

Ah, pero si mi padre me mete, yo sé lo que voy a hacer. Ya lo creo que sé lo que

voy a hacer. Y lo que voy a hacer es que a partir de ese mismo momento voy a

empezar a inventarle, sí, a hacerle cuentos chinos, a él y a mi mamá por ser tan

aguantona, por permitir que él me pegue. Mentiras, muchas mentiras, total, si de

ellos mismos he aprendido que hay que decir mentiras para que no la cojan a una

de boba. Eso es lo que voy a hacer. Y voy a hacer mucho más, voy a escaparme

del Pre para ir a encontrarme con Tony en el parque de Ferreiro cada vez que

tenga un chance y al carajo lo demás. No digo yo. Qué se cree mi padre. Si piensa

que me voy a quedar en la casa todo el día con las libretas en las manos, entre

esas paredes churrosas y descascaradas mientras el bandido de Tony anda suelto

por ahí por la libre, y va y se busca una guaricandilla que no lo deje embarcado

como yo, de eso nada. Todo eso voy a hacer si mi padre me da una paliza por

aparecerme después de la hora establecida. Y punto. ¡Ay! Ya tengo un revolisco en

la cabeza que no me deja concentrarme, a ver si pierdo el año en el Pre por estar

corriéndole detrás al cabroncito de Tony y jugándole cabeza a mi padre. Pero es

que si lo dejo suelto se me corre, el muy sato se me corre, se busca otra y a mí que

me parta un rayo, y eso no puede pasar. Como están las muchachas hoy en día,

que se enternecen con cualquier bobería que un lindoro como Tony les diga en el

oído. Como me pasó a mí, que caí al tercer intento. Bribón. Eso es lo que es, un

bribón. Como dice mi mamá, que hay una putangá en la calle que da grima,

¡ay, hija!, tú ten mucho cuidado con esos figurines, ten mucho cuidado y no vayas

a meter la pata, que después vas a lamentarte toda la vida. Ah, ya deben ser como

las diez y media, Dios me ampare. Todavía no sé cómo pude zafarme de Tony, tuve

que darle un empujón y poner cara de drama para convencerlo y así y todo mira

qué hora es. La cara que debe tener mi padre, debe haberse fumado media

cajetilla, pero allá él, que se reviente él, yo no voy a darle ese gusto. Si me mete,

aguanto como una mula, y mañana ya veremos. A lo mejor me está esperando

con el cinto de cuero en las manos para darme una paliza madre, porque él tiene

que saber que yo estaba mateándome con Tony hasta esta hora, él tiene que

saberlo, de bobo no tiene un pelo de los pocos que le quedan en la cabezota esa

de toro que tiene. Cuántas cosas habrá hecho cuando era joven y cuántas hará

todavía, que yo creo que él tiene algo por ahí, porque a mi mamá ni la toca y a

veces yo los he oído en su cuarto, hablando bajito, y mi mamá empieza a llorar y

le dice: ya tú no te ocupas de mí para nada y esas cosas. ¡Ay! Me tiemblan las

manos, no puedo controlar estas manos, por Dios. Las diez y media por lo menos,

quizás hasta más. Se lo dije a Tony, Tony, mira que ya es tarde, que me busco

problemas en mi casa y después no me dejan salir sola por las noches, pero él qué

va, ahí y ahí, y hasta quería que yo me encaramara encima de sus piernas en el

banco y me bajara el blúmer, y yo sudando frío, tú te has vuelto loco, Tony, qué es

lo que te pasa, y tuve que ponerme dura, porque si no este bicho me desgracia allí

mismo, yo que estaba toda mojadita. Este Tony es tremendo, cuando empieza a

tocarme me descompongo todita, él lo sabe, lo sabe muy bien, canallita que es.

Pero por fin pude escaparme y salir de ese parque sudada y descompuesta, debo

parecer un muñecón de carnaval. Y ahora a la casa a enfrentarme a la fiera.

Ahora a mi padre le ha dado por pelear con mi mamá todos los días, por cualquier

cosita que pase le zumba una descarga, y cada vez que se ponen a pelear yo me

meto en mi cuarto y me escondo debajo de la colcha para no oír la pelea, pero así 

y todo la oigo siempre, porque él grita a todo pecho y no hay Dios que lo pare. Los

gritos de mi padre, el llanto de mi mamá, lo oigo todo, y los vecinos disfrutando del

show. Esas peleas me ponen muy nerviosa. Tengo los nervios a millón, las peleas por

un lado, el Tony por otro, los estudios, el miedo a que me cojan con las manos en la

masa, ¡ay!, qué va a ser de mí. Ah, pero a pesar de los pesares yo me voy a ver con

Tony cada vez que me dé la real gana, eso sí, me escapo con él cuantas veces él

quiera, de lo que no hay remedio, y me voy con él al fin del mundo, coño, a ver si

una noche de éstas nos tenemos que quedar por ahí, como el otro día que nos

cogió un aguacero torrencial y llegué a casa como un pollo mojado, suerte que el

toro furioso no había llegado. Pero una noche de éstas nos vamos a tener que

refugiar por ahí en algún lugar donde estemos los dos solos, completamente solos,

como él tantas veces me ha pedido, y mi padre se queda el muy vaina en espera,

en la sala, quién le viera la carota, con las colillas en el cenicero, el reloj en la

mesita, el cinto de cuero en las manos, ja ja ja, si me parece estarlo viendo, se va a

quedar dormido en la butaca y va a abrir la boca como el hipopótamo del zoo,

qué embarque. Vale la pena hacerlo solamente por joderlo un poco, bastante que

él me jode a mí. Demasiado. Pues sí señor, eso es lo que va a pasar un día de éstos,

oye, mocosita, ¿cuándo vamos a estar solos tú y yo donde nadie nos moleste?, y yo

muda, anda, vámonos para otro lugar, que aquí en el parque no podemos hacer

nada, pues bastante que hacemos en el puñetero parque, con la oscuridad que

hay allí, embúllate, me dice, y no, le digo, y él que sí y yo que no, y tú verás qué bien

lo vamos a pasar, porque este Tony se las sabe todas, siempre inventando, y la otra

noche por poco me convence, porque yo estaba que me derretía mientras Tony

me daba mordiditas en el cuello y me pasaba las manos por todas partes. Si no

llega a ser por aquellos estudiantes que llegaron a sapear, allí mismo me desgracio.

Pero mi padre se va a joder, de verdad que se va a joder. Está bueno ya de

aguantar tanto, qué carajo, y si se pone demasiado imperfecto lo que voy a hacer

es fugarme con Tony. Sí, fugarme con Tony, venderle el cajetín a esa casa oscura

y sucia y silenciosa, aunque al otro día, o a la otra semana, o cuando sea, yo me

aparezca toda descuajaringada, y entones mi padre me va a dar la paliza más

fenomenal que me ha dado desde que nací. Pero total, ¿qué me importan las

palizas? A un gustazo un trancazo. ¿Qué es lo que él quiere? ¿Que yo no me vea

más con Tony? Pues de eso nada, monada. Me veo con Tony las veces que me

salga del papo, mañana mismo vuelvo a estar con él y que mi padre me meta todo

lo que quiera meterme. Y si un día me quedo embarazada, con una barriga, como

le gusta decirme a cada rato, que pase lo que pase. Ya me veo soportando la

descarga, ¿no te lo dije?, ahí lo tienes, con esa sonrisita socarrona que él se gasta.

Total, si eso sucediera, mi mamá se va a enterar tarde o temprano, todo el mundo se

va a enterar tarde o temprano, y mi mamá se va a poner a dar gritos y mi padre se

va a escandalizar, y ella a tomar sus pastillas y él a pegarme, y mi casa se va a

convertir en una confusión de lágrimas, de gritos, de palabrotas, de amenazas, de

golpes, de dolores, de pastillas para los nervios, de cosas tiradas y rotas, de corre

corre, de cuchicheos, de llamadas telefónicas, de consultas al médico, de

secreticos, de silencio... ¿no te lo  dije?, ahí lo tienes. Entonces yo no voy a oír nada.

Nada nada. Absolutamente nada. Me pondré a pensar en Tony, trataré de

explicarme a mí misma por qué hicimos lo que hicimos y no podré entender mi

situación. Hasta que corran las semanas y los meses y suceda lo que tiene que

suceder, esto tiene una sola solución: que se haga un legrado, eso es lo que dirá mi

padre, tú estás loco, y eso es lo que dirá mi mamá. Y a llorar, a gritar, a rezar, pero yo

no voy a oírlos, yo no voy a oír nada, nada más que el silencio, porque mi casa se va

a convertir en eso cuando explote el escándalo. Después mis padres se pondrán de

acuerdo, qué remedio, y decidirán lo que hay que hacer sin contar conmigo para

nada. Me llevarán al médico, pero el médico les va a decir que es demasiado tarde

para hacerme un legrado, que lo siente mucho, que debo tener la criatura, y ahí sí,

la mundial, mi padre pelea, grita, patalea, casi se vuelve loco, mi mamá a tomar

pastillas, a esconderse en su cuarto, a rezar padrenuestros y avemarías, pero al fin

y al cabo, a las dos o tres semanas ya me veo sentada en una silla vieja, en una

oficina vieja, húmeda, apestosa, llena de papeles y de archivos viejos, húmedos,

apestosos, y a mi lado está Tony, muy serio, muy bien vestido, qué elegante se ve,

de dónde habrá sacado ese traje azul prusia que tan bien le queda, y yo, cómo

estoy yo vestida, debo estar también muy elegante, porque aquí todo el mundo

está elegante, y miren a este señor que nos está mirando, que también tiene un traje

azul prusia y nos mira muy serio, alto y canoso, flaco como un güin, es que todos

están serios, qué estará pasando. Y ahora este señor nos mira por encima de sus

espejuelitos que tienen un esparadrapo en una pata, y allá atrás están mis padres

y esa gente que no conozco, pero el señor nos está como sermoneando, nos está

diciendo que tenemos que firmar ese papel que nos pone delante, encima del

buró, que después lo tienen que firmar mis padres y esa gente que está allá atrás,

que parece que son amigos de mis padres, y ahora este señor nos lee un mamotreto

que tiene en sus manos huesudas que le tiemblan, qué flaco está el pobre, el traje le

baila, y nos dice que yo y Tony ya estamos casados legalmente, qué cosa, que yo y

Tony... no, ¿cómo es eso?, no entiendo ni jota, y el señor nos dice que ahora yo y

Tony ya somos marido y mujer, y... Dios mío, ¿yo y Tony marido y mujer?, pero qué

coño es esto, no entiendo nada, no sé nada, y esa gente de allá atrás, no se ve

nada, esto está muy oscuro, y mis padres, y Tony, y el señor que nos estaba leyendo

el mamotreto, ¿dónde se metieron todos?, qué oscuro está esto, no veo casi nada,

qué oscuro está este callejón, si sale alguien y me asalta, qué hago, si me violan

aquí mismo, que eso sucede a cada rato, Dios mío, si me sucede algo malo, qué

oscuro, menos mal que ya me falta poco para llegar a mi casa, mi madre, y qué

tarde es ya, es tardísimo, ya deben ser como las once de la noche, sí, como las

once, Dios me ampare, o más de las once, sí, más de las once, misericordia, ¡ay!,

hoy mi padre me mata...

(continuará)

Augusto Lázaro


@augustodelatorr



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sábado, 24 de enero de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 3

Desde aquel día todo se volvió un recuerdo. Tony cuando me despierta mi mamá

por las mañanas, Tony cuando voy caminando hacia el  Pre sin mirar dónde piso,

Tony cuando me siento a almorzar con mis padres y hermanos, Tony en la memoria,

en el pensamiento, en todas las acciones que realizo dentro y fuera de mi casa...

Porque el muchacho del paquete resulta que se llama Tony. El mismo me lo gritó

la segunda vez que lo vi, pasó frente a mi casa manejando su camión y se paró un

segundo porque me vio sentada junto a la ventana que yo tenía abierta por el

calor que hacía. Tony, Tony, Tony... ¿Seré monga?... Pues desde aquel segundo día

el Tony comenzó a darme vueltas. Sabía que yo me ponía a estudiar junto a la

ventana porque yo sabía que él pasaría por allí y a qué hora y qué día y todo lo

demás. Me estoy volviendo una guanaja. No sé qué es lo que me pasa, una

cosquillita, un airecito, un temblor de piernas cuando siento el ruido del camión y

él saca la mano, me saluda y continúa su camino. A veces se para unos minutos,

sólo unos minutos, y se queda ahí, mirándome de lejos, sin reírse. Pero un día sucede,

se baja del camión, se acerca a la ventana, me dice hola, tú, ¿tienes que estudiar

todos los días?, y yo me quedo fría, mi boca se paraliza, tiemblo, sólo puedo mover

la cabeza y decirle que sí, mientras pienso: so verraco, ¿no ves que me siento

aquí todos los días a esta hora para verte pasar?, ah, pero eso no me sale. ¿Cómo

te llamas, muñequita? Me derramo del todo, y los dos con palabras tontas y frases

que parecen sacadas de esos libros idiotas que enseñan a enamorar y todas esas

boberías. Bueno, hasta mañana, me dice y se va, y yo sigo con mis libretas sin ver

lo que tienen escrito. Después los días pasan, yo en tensión, y lo veo cuando cierro

los ojos y me quedo en éxtasis imaginando, y las cosas que me dice después en la

calle para que vaya a encontrarme con él en el parque de Ferreiro, cuando salga

del Pre. Porque Tony es perseverante, me vigila, me sigue, me marea, se me pega

como una sanguijuela cuando salgo del Pre y empieza a darme muela sin parar,

mira, niña, no te me pongas pesadita y acaba ya de venir al parque a encontrarte

conmigo cuando salgas, ya por la tardecita. Anda, vamos, no te hagas la difícil,

y yo con las manos sudadas, sin poder articular palabra, temblando. Y ahora estoy

aquí con él, en el parque de Ferreiro. Me convenció. Y me quedé tiesa del susto,

con la boca abierta, oyéndolo decirme cuanta bobería se le ocurrió decirme. Y aquí

estoy, ya no tiene remedio. Si mi padre se entera me mata. Tony lo sabía, sabía que

yo iba a venir, y por eso escogió este lugar que está precisamente entre el Pre y mi

casa, guarecido por las matas, porque esto es un bosque, y casi todos los bombillos

están fundidos, los rompen los estudiantes para desplayarse a su gusto, y si una se

encuera aquí nadie la ve. Mira que este bicho sabe. Y parecía bobo. Un tiburón es

lo que es, y yo de mansa, primero en la puerta, saludándolo cuando pasaba en su

camión, después esperando el camión todos los días, aguantándole el palique,

dejando las libretas, más adelante conversando con él en la puerta, susurrando,

escondiéndome de mi mamá que a esa hora siempre estaba acostada y todo eso.

Para mí que Tony conocía todos los movimientos de mi casa, porque siempre

pasaba a esa hora, un puñetero reloj. Y ahora mírame aquí sentada con este bicho,

metida entre estas matas, con este loco azocándome, porque Tony es un loco que

no las piensa, que las hace y ya, acércate, muñequita, acércate, vamos, cosalinda,

y quiero irme a casa, pero Tony no me deja, ¿por qué quieres irte?, ¿es que me

tienes miedo, bobita?, si yo no soy el lobo ni tú eres la Caperucita, tranquilízate y

acércate, que te voy a enseñar algo que tú no conoces, seguro. Me levanto para

irme, pero Tony me sujeta por los hombros, y me aprieta, y me sienta en el banco

de un tirón, so bruto, y yo Tony, ¿qué me vas a hacer?, y él me acaricia el pelo y la

cabeza, así como me acariciaba mi mamá cuando yo era una niña, pero distinto,

no sé cómo explicármelo, ah, lo único que sé es que me gusta esto que me está

haciendo el Tony este, me gusta mucho, la verdad, que me toque, que me acaricie,

que me pase las manos por el pelo, por la cabeza, por la cara, como me las está

pasando, y entonces me paralizo, de miedo y de gusto, y quiero irme y quiero

quedarme, porque es que me gusta lo que este sinvergüencita me está haciendo,

pero me he puesto muy nerviosa, creo que él lo nota, el muy bandido, y después la

locura, me da un beso, el primer beso que me da un muchacho, en la boca nada

menos, y yo siento como un escalofrío que no sé qué hacer, ay, estoy temblando,

porque a mí nadie me ha besado nunca así ni me ha apretado así como me está

apretando Tony ahora, vamos, muchachita loca, reacciona, tienes que irte para tu

casa antes de que te desgracies, antes de que este tipo te desgracie, que la noche

está cayendo, sí, ya lo sé que debo irme, pero quiero quedarme, deber y querer,

un ratico más, porque quiero que Tony me siga besando en la boca, que me siga

acariciando todo el cuerpo, que me siga apretando muy fuerte, ay, ¿en qué va a

parar todo esto?, Dios mío, pero qué rico es todo esto... Me quedo sentada, sin

moverme, esperando, estremecida hasta lo infinito, pero él sigue con su letanía,

sigue metiéndome la lengua en las orejas, y yo como una palomita arrullada, casi

sin respirar, desfalleciendo de placer aquí mismo en este parque de Ferreiro, y no sé

qué hacer con mis manos, con todo mi cuerpo. no sé nada, pero este cabroncito

sigue y sigue, coño, sigue, sí, carajo, sí, sigue, Tony, sigue, sigue, no pares, sigue así...

Después yo me pongo a pensar y me parece que todo esto ha ocurrido solamente

en mi imaginación, porque yo siempre me estoy imaginando cosas que se me

confunden con las cosas que me suceden de verdad y a veces no sé cuáles son las

cosas que me han sucedido de verdad y cuáles son las que me he imaginado...

(continuará)

Augusto Lázaro


@augustodelatorr


http://laenvolvencia.blogspot.com.es

sábado, 17 de enero de 2015

ESA MUCHACHA TRISTE QUE SUEÑA CON LA NIEVE 2


Siento golpes bruscos en la puerta de la calle. Llaman a mi mamá por su nombre y

su apellido. Qué extraño. Si fueran las doce de la noche se despertaba el barrio

entero. Mi mamá se asoma por las cortinas de su cuarto y me dice que eso debe ser

un telegrama anunciando algún muerto. Después sale. Las dos nos quedamos muy

juntas en el medio de la sala, como dos sanacas, hasta que vuelven a gritar su

nombre, ahora más alto, y vuelven a dar golpes en la puerta. Entonces las dos nos

abrazamos sin saber qué hacer. Pero reacciono, dejo a mi mamá temblando como

un pajarito empapado por la lluvia, voy hasta la puerta y la abro de un tirón. Buenos

días. Es un muchacho que tiene un paquete en las manos. Nos mira y se sonríe como

un bobo, y eso es lo que me llama la atención en él, esa sonrisa que deja ver unos

dientes algo amarillosos, pero perfectos, y se los veo casi todos porque el muchacho

se ríe con toda la boca, que la tiene bastante grande. Me río yo también, pasado el

susto, y me quedo parada en la puerta sin responderle los buenos días como mi

mamá me repite que se debe decir cuando alguien llama o entra, aunque ese

alguien sea un muchacho con cara de bobo y un paquete en las manos con el que

no sabe qué va a hacer, pues no hace más que mirarme y reírse. Seguimos así,

contemplándonos como dos guanajos, durante unos segundos. El no dice nada. Mi

mamá todavía cree en esas reglas de urbanidad, como les dice, la pobre, se ve que

ella no está en la calle. La gente anda a lo loco, tropiezan contigo, te empujan, te

dan un pisotón, te cepillan, te estrujan y ya, como si contigo no fuera. Pero dice mi

mamá que ella recibió una educación que hoy no se ve en ningún lugar, sí, hija, sí,

ahora en la calle no se ve más que salvajismo. Qué exagerada. Vuelvo a reaccionar

y lo único que se me ocurre es coger el dichoso paquete, colocarlo sobre la butaca,

y firmar el recibo con el lapicito mocho que me alcanza el muchacho, que sigue

riéndose como si yo y mi mamá fuéramos dos payasas de circo de barrio. Y yo debo

tener algo de tonta, ya que también me río con él y me quedo mirándolo, tiesa

como una estaca, casi pegada al guanajo. A lo mejor piensa de mí lo mismo que yo

pienso de él, que soy una guanaja, y por eso no deja de reírse el muy vaina. Al fin

coge su lapicito mocho y se va, sin despedirse, y yo me quedo en la puerta

mirándolo montarse en el camión de reparto, hasta que mi mamá reacciona,

vamos, hija, no te quedes ahí parada, entra y cierra. Por suerte mi padre está en la

calle, si no, nadie se salvaba de sus palabrotas y del consabido sermón. Por fin mi

mamá abre el paquete y se lleva las cosas para su cuarto, metiéndose por entre las

cortinas churrosas, murmurando, que ella se ha asustado por gusto, que estos

jóvenes de hoy no tienen la menor educación, y Dios nos ampare y esas cosas.

Pobre mami. Pero yo no la oigo. Yo sigo en la puerta, hasta que el camión dobla la

esquina varias cuadras abajo y se pierde de vista. Entonces cierro. Y entonces me

doy cuenta de que por primera vez en mi vida me he fijado en un muchacho como

se fijan las mujeres en los hombres. Y siento como un airecito que me sube por la

boca del estómago y me llega al pecho, algo así como un calorcito que después se

siente más abajo, en el vientre, y que eriza los pelos, esa punzadita que después

sentiriía tantas veces, cuando ya estuviera convencida de que eso no era otra cosa

que el deseo que te hace estremecer y que te hace palpitar el corazón como si se

te quisiera salir. Y entonces veo una escena de amor de esas películas que puedo

ver cuando mi mamá se queda dormida frente al televisor, y yo soy la mujer de esa

escena y el muchacho del paquete es el hombre que me atrae, me abraza, me

aprieta, me besa en la boca, me tira sobre una cama enorme, haciéndome jadear

de placer, y comienza a desnudarme sin dejar de darme besos y mordidas y

apretones, y todo se vuelve una penumbra donde no distingo nada, y música,

cortinas bonitas, jardines con flores, nubes de colores, pero mi mamá comienza a

quejarse y yo tengo que correr a su cuarto a ver qué le sucede ahora...

(continuará)

Augusto Lázaro

@augustodelatorr


http://laenvolvencia.blogspot.com